ANECDOTARIO

Un presidente con poderes Jedi

El 30 de enero de 1835, Richard Lawrence disparó su Derringer contra el presidente estadounidense Andrew Jackson. Falló. Sacó una segunda pistola de su chaqueta. También falló.

Jackson, ya bastante anciano, comenzó a golpearlo con su bastón, con tal violencia que hubo que detenerlo.

Lawrence fue apresado y las pistolas requisadas. Ambas estaban debidamente cargadas y dispararon sin problemas. La probabilidad de que ambas pistolas fallaran en forma consecutiva es de una en 125.000.

“Esa esfericidad es evidentemente divina”

En 1957, Little Richard, “el arquitecto del rock and roll”, actuaba en Australia cuando vio una bola de fuego surcando firmamento. Lo tomó como una señal de Dios que lo conminaba a arrepentirse de la música secular y de su vida disipada. Renunció a las malandanzas y al mismo rock and roll, y entró a estudiar teología.

Era el Sputnik.

“Soy cantante, no actor”

Tras la muerte de Bon Scott, líder de AC/DC, la banda buscaba un reemplazante. Angus Young, el guitarrista, recordaba el testimonio de Scott sobre el comportamiento de un tal Brian Johnson en un recital británico:

Está este tipo allá arriba gritando a todo pulmón y lo próximo que te enteras, ha caído de bruces. Está en el suelo, rodando por ahí y gritando. Pensé que era fantástico, y para coronar todo esto –no podías conseguir una mejor repetición– ¡vienen y se llevan al tipo en camilla!

Sonaba fantástico, pero Scott no conocía la historia completa. En palabras de Johnson:

Estábamos en este horrible lugar allá arriba en el norte en una noche horrible y fría y yo tenía apendicitis. Él [Bon] estaba mirando con su banda de entonces, Fraternity. Estaba en agonía, me dejé llevar.

Ignorando la verdadera razón de su comportamiento salvaje, Johnson fue fichado como nuevo vocalista de AC/DC

Un rockstar de línea de producción de Detroit

A principio de la década de 1970, un rockero de Detroit llamado Sixto Rodríguez publicó dos álbumes. Las ventas fueron muy modestas, el sello musical puso término al contrato, y Rodríguez se retiró de la música para dedicarse a la demolición y a empleos en línea de producción, siempre ganando bajos salarios.

Lo que ignoraba, es que su música se había vuelto de culto en Sudáfrica. Se rumoreaba que había muerto de suicidio, pero mientras Rodríguez era un trabajador anónimo en Detroit, algunas de sus canciones se habían convertido en himnos anti-Apartheid en Sudáfrica. Con quizás medio millón de copias vendidas, era más grande que Elvis. Hasta Steven Biko, el célebre activista antiapartheid de Sudáfrica, era fan de su música.

Recién en 1997, con el advenimiento de Internet, su hija mayor descubrió su fama sudafricana en su sitio web dedicado a él. Solo entonces viajó al país, y presentó seis conciertos ante miles de enardecidos fans que hasta hace poco lo daban por muerto.

“Pasado el aviso señores jueces”

En el U.S. Open Junior de 1983, el juez de línea Dick Wertheim, de 60 años, recibió en la ingle un servicio de Stefan Edberg, lo que lo hizo caer de la silla al pavimento y morir de trauma craneal.

Deprimido de ánimo, pero de creatividad impeque

En 2004 un manchesteriano con depresión de 13 años de edad usó varias identidades falsas en Internet para convencer a su mejor amigo de que lo asesinara. Sobrevivió y se convirtió en la primera persona en el Reino Unido acusada de incitar a su propio asesinato. Su nombre no se reveló por razones legales.

 

Lo bueno (y el veneno) viene en frasco chico

Durante la Revolución Francesa, la duquesa de Orleans contaba con un espía llamado Richebourg cuya principal virtud era que medía 58 centímetros. Era afeitado y vestido de bebé, y luego abordaba un coche tapado lo más posible.

La cuidadora dejaba el coche junto a oficiales o guardias para que lo vigilaran un momento mientras ella se excusaba argumentando que debía cumplir con un recado. El espía memorizaba entonces la información de las charlas despreocupadas de los oficiales.

“Pero, muy por sobre todo, a las polacas”

El entonces Presidente de Estados Unidos Jimmy Carter planeaba decir en un discurso en Polonia que entendía los deseos del pueblo polaco.

Su intérprete, quien no era un hablante nativo de polaco, lo tradujo como "Deseo a los polacos carnalmente".

“Morí de la emoción”

En junio de 1923, la carrera de caballos del Belmont Park, Nueva York, fue ganada por el jinete Frank Hayes. Cuando el dueño del caballo fue a felicitarlo, se dio cuenta de que Hayes había muerto de un ataque al corazón durante la carrera, y que había corrido la segunda parte muerto sobre el caballo.

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