ANECDOTARIO

Un artero patocidio frustrado

En 1910 el granjero Silas Perkins volvió de la iglesia y descubrió que su pato Rhadamanthus, reciente ganador de un premio en un concurso, se había dado un festín de levadura y estaba asombrosamente hinchado. El pato explotó, un trozo impactó en el rostro de Perkins, con el resultado de que perdió un ojo.

“Muero de alegría”

Uday y Qusay Hussein, hijos de Saddam Hussein, fueron ultimados tras una batalla de cuatro horas en Mosul el 22 de julio de 2003. El júbilo por su muerte gatilló ráfagas de metralla celebratoria a lo largo y ancho de Iraq, causa a su vez de al menos 20 muertes (33 de acuerdo con algunos reportes).

 

“Olvida los bomberos, llama urgente a alcohólicos anónimos”

El 18 de junio de 1875 un incendio afectó la bodega de Laurence Malone, en Dublín, donde se almacenaban 1.193.000 litros de whisky. Hubo 13 muertos, pero ninguno de ellos a causa de las llamas o de inhalación de humo: todos murieron por intoxicación alcohólica, consecuencia de beber del río de whisky de 15 centímetros de profundidad que ocasionó el incendio.

Vin à la testiculité

Cenando con el jefe de CBS para Europa, Ozzy Osbourne hizo un striptease para alivianar la velada:

Todos pensaban que era gracioso por un momento. Pero terminé por completo en pelotas, meé en la jarra de vino del tipo de CBS, me arrodillé frente a él y lo besé en los labios.

No pensaron que eso fuera muy gracioso.

No conseguimos una grabación en Alemania por muchos años después de eso. Recuerdo estar en el avión, dejando Berlín, con Sharon [Arden, su mánager] rompiendo los contratos y diciendo 'Bueno, ese es otro país descartado'.

'Pero valió la pena por el striptease, ¿No?', pregunté

Sharon respondió:

'No fue un striptease lo que estabas haciendo Ozzy. Era una puta marcha militar nazi. Arriba y debajo de la mesa. Ese pobre alemán lucía mortificado. Luego pusiste tus bolas en su puto vino'.

'¿Pensaba que había meado su vino?'

'Eso fue antes que mearas su vino'.

Sus nietos nunca se aburrían en la sobremesa

Lorenzo Da Ponte, libretista de Mozart, nació como judío en Venecia, se convirtió al catolicismo y fue ordenado sacerdote. Tuvo dos hijos y fue desterrado de Venecia: había terminado de provocar al clero asociándose con su amante para abrir un prostíbulo, donde él mismo tocaba el violín vistiendo la sotana. Tras la muerte del emperador en 1790, el libretista perdió a su patrón. Aún impedido de volver a Venecia, emigró al Reino Unido junto a una nueva compañera, también de origen judío, convertida al anglicanismo. Con Da Ponte aún técnicamente sacerdote católico, se casaron por dicho rito, y tuvieron cuatro hijos. Trabajó en Londres como guionista de compañías locales, hasta que en 1805 la bancarrota lo empujó a Estados Unidos, escapando a duras penas del arresto. Trabajó como almacenero, profesor de italiano y librero. Luego asumió como el primer profesor de literatura italiana de la Universidad de Columbia y fundó la New York Opera Company.

Ya decían que lo bueno viene en frasco chico

En mayo de 1990 el asesino en serie, caníbal y necrofílico Jeffrey Dahmer atrajo a un joven a su apartamento con la intención de matarlo y luego ultrajar su cadáver. Por accidente consumió la bebida cargada de sedantes destinada al joven. Cuando despertó al día siguiente, descubrió que quien iba a ser su víctima le había robado varias prendas de vestir, US$300 y un reloj.

Ya lo dice el refrán, como la tráquea femenina otro acolchado no hay

Pauline Bonaparte, hermana de Napoleón, gustaba de apoyar sus pies en la garganta de sus damas de compañía mientras se sentaba.

Una de las muchas que lo padeció fue Madame de Chambaudoin. En una ocasión, el prefecto de Niza y la duquesa d'Escars la encontraron tendida en el piso, con los brazos y piernas extendidos en el suelo, con los dos pies de Pauline sobre su garganta. "Madame, seguro esta posición es cansadora para usted", preguntó el prefecto. "Oh, no, monsieur, estoy bien acostumbrada", respondió semi ahogada. Pauline preguntó a la duquesa si prefería la tragedia o la comedia. Respondió que la tragedia. "Yo también" se le escuchó decir a la dama de compañía desde el piso. "Su voz, alterada por la presión de los pies de la princesa Borghese, volvió infinitamente ridícula la afirmación".

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