DICTADORES

Mao menos no más la frase

Qin Shi Huang, unificador de China en el siglo III a. de C. ordenó la quema de instrumentos y textos musicales, considerados superfluos. Ardieron también todos los libros de poesía, historia y filosofía, obra confuciana inclusive. Quienes los escondían eran condenados a la pena de entierro vivo. 460 eruditos padecieron tal suerte. El emperador quería unificar el pensamiento político y filosófico, que la historia comenzara con él.

En 1958 Mao citó esta carnicería a modo de vara de medida de su propia performance:

Él solo enterró vivos a 460 eruditos, mientras que nosotros enterramos a 46.000 (…) Nos acusan de actuar como Qin Shi Huang, pero se equivocan; lo superamos cien veces”. De paso, con la destrucción se perdió la historia y arte de los pugs, esos perros con cara de arrollado.

 

“No estoy seguro que la OIT aprobaría esas condiciones laborales”

Modu Chanyu (209–174 a. de C.) era hijo del líder de la confederación tribal Xiongnu. Con el objetivo de reunir hombres de lealtad inquebrantable, ordenó que cada uno disparara flechas a su caballo favorito. Quien se negara era ejecutado. Más tarde les exigió hacer lo mismo con una de sus esposas favoritas, también so pena de ejecución. Solo cuando estuvo convencido de la absoluta lealtad de los guerreros remanentes les ordenó disparar a su padre —el monarca— durante una cacería. Lo mataron con una lluvia de flechas y Modu Chanyu se autoproclamó nuevo líder.

Una cena navideña que las hormigas no esperaban

En la víspera de Navidad de 1969 Francisco Macías Nguema, dictador de Guinea Ecuatorial, se deshizo de 186 disidentes políticos. A 150 los fusiló o ahorcó en un estadio de fútbol mientras la canción Qué tiempo tan feliz, producida por Paul McCartney, sonaba en bucle por los parlantes. Los otros 36 se vieron forzados a cavar zanjas en las que ellos mismos fueron enterrados hasta el cuello, y devorados vivos por hormigas rojas durante los siguientes días.

“Ah, y mañana mismo me deroga la ley de gravedad”

Cuando Stalin pronunciaba mal una palabra, todos los posteriores oradores se sentían obligados a repetir el error para no humillarlo. En palabras de Viacheslav Mólotov, su ministro de Relaciones Exteriores:

"Si lo hubiera dicho bien, Stalin habría sentido que lo estaba corrigiendo’" Era "muy quisquilloso y orgulloso".

 

Dios es disléxico: no era Mesías, sino Macías

Francisco Macías Nguema, dictador de Guinea Ecuatorial entre 1968 y 1979, cambió el lema del país a “No hay otro Dios que Macías Nguema” y se volvió obligatoria en las iglesias la oración “Dios creó Guinea Ecuatorial gracias a Macías Nguema. Sin Macías Nguema Guinea Ecuatorial no existiría”.

Quizás de ahí lo de “comunistas comeguaguas”

La gran hambruna china producida por las catastróficas medidas de Mao derivó en episodios de canibalismo a una escala nunca antes vista: la carne humana se vendía en los mercados y los niños muertos eran intercambiados para evitar la atrocidad de comer los propios.

En 1958, cuando la montaña de cadáveres comenzaba a acumularse, Mao comentó al respecto a un grupo de camaradas: “Pueden fertilizar la tierra”.

Lástima no más que Uganda no tiene costa para que los peces le rindan pleitesía

Idi Amin Dada, dictador de Uganda entre 1971 y 1979, se autoasignó el siguiente título:

Su Excelencia, Presidente de por Vida, Mariscal de Campo Al Hadji Doctor Idi Amin Dada, Cruz Victoriosa, Orden del Servicio Distinguido, Cruz Militar, Señor de Todas las Bestias de la Tierra y Peces de los Océanos y Conquistador del Imperio británico en África en General y en Uganda en Particular. Eso, además de su reclamación oficial como Pretendiente al trono de Escocia.

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