Machismo

La edad es psicológica (no en Hollywood)

De acuerdo con un estudio en base a estrenos en el Reino Unido entre 2023 y 2025, es más probable que una película sea protagonizada por un animal que habla o por un hombre llamado Chris que por una mujer mayor de 60.

La batalla por la igualdad ha sido realmente maratónica

La primera vez que una mujer se inscribió para la maratón de Boston, en 1967, fue perseguida y atacada físicamente por el organizador una vez que este se percató de su presencia en la carrera.

El año previo otra mujer, Bobbi Gibb, intentó participar oficialmente en la carrera, pero fue rechazada por el director de la Boston Athletic Association, Will Cloney, quien afirmó que las mujeres eran fisiológicamente incapaces de correr semejante distancia.

Kathrine Switzer se inscribió en 1967 solo con sus iniciales, y comenzó vistiendo una sudadera con capucha. Una vez que el organizador Jock Semple descubrió lo que ocurría se le abalanzó encima para arrancarle su número, pero el novio de Switzer lo empujó y lo impidió.

 

 

Maratónica la lucha conta el machismo

El atletismo femenino se introdujo recién en los novenos Juegos Olímpicos en 1928. No hubo competencias de fondo, que se juzgaban inadecuadas para mujeres, y solo una de medio fondo: los 800 metros. Medios de prensa  cinco publicaron que cinco corredoras abandonaron antes de la meta, cinco más se desplomaron en la cinta de llegada y otra se desmayó en el vestuario. Los periodistas retrataban un espectáculo siniestro de atletas que caían de cabeza al suelo, de las formas postradas y angustiadas. The New York Times argumentó que la pobre forma física era razón suficiente para prohibir la participación femenina.

Chicago Tribune, 3 de agosto de 1928.

Lo cierto es que hubo nueve participantes, las nueve llegaron a la meta y varias batieron el récord mundial. Ninguna se desplomó sin control

Aun así, el sensacionalismo fabricado por la prensa llevó a  a la IAAF a retirar esta carrera de la parrilla femenina. Recién volvió en 1960. Los 1500 metros femeninos tuvieron que esperar a 1972 y la maratón a 1984, todas pruebas que los varones corrían desde los primeros juegos olímpicos en 1896.

“De-le con todo, su majestad”

En la dinastía Zhou de la antigua China (1100-221 a.C.), la clase dominante creía poseer una gran cantidad de 德 (De, traducido como carácter o integridad), heredado de sus antepasados. Debían sacrificar regularmente en ofrenda a los antepasados para no interrumpir ese flujo.

El rey alcanzaba el De máximo, y requería de muchas mujeres para nutrirlo por la vía sexual. Tenía 1 reina, 3 consortes, 9 esposas de segundo rango, 27 esposas de tercer rango y 81 concubinas.

Damas llamadas nu shi supervisaban las relaciones sexuales del rey. El rey debía relacionarse con ellas en los días correctos y con la frecuencia establecida por los ritos para cada rango. Tomaban nota cuidadosa de las uniones sexuales con pinceles rojos llamados tong guan. Por eso las crónicas de la vida sexual del gobernante se denominan tong shi, “registros hechos con el pincel rojo”.

La fuerza vital del hombre se suponía alimentada y fortalecida por la de la mujer, que reside en las secreciones vaginales. Así, las mujeres de rango inferior copulaban con mayor frecuencia. Con la reina, en cambio, sólo una vez al mes, después de que su potencia había alcanzado el cúlmine. Eso maximizaba las chances de que la reina engendrara un heredero fuerte e inteligente.

Antes muerto que impuro

A las mujeres no se les permite tocar el ring de sumo (dohyō), una tradición derivada de las creencias sintoístas y budistas de que las mujeres son "impuras" debido a la sangre menstrual.

A la gobernadora de Osaka de 2000 a 2008, Fusae Ohta, nunca le permitieron entregar allí el Premio del Gobernador al campeón anual y cada año tuvo que hacerlo en la pasarela junto al ring o enviar a un representante masculino a su lugar.

En abril de 2018 dos mujeres corrieron en ayuda Ryozo Tatami, alcalde de Maizuru, luego de que se desplomó en medio del dohyō a causa de un derrame cerebral. Mientras intentaban revivirlo, un árbitro las conminó repetidamente por megafonía a irse.

“Mi primer diagnóstico al egresar: mandar a todos mis ex compañeros al psiquiatra”

La primera mujer en solicitar la admisión a una escuela de medicina en Estados Unidos fue Elizabeth Blackwell, en 1847. En su primer intento, se le informó que tendría que vestir como un hombre. Se rehusó. En su segundo intento, postuló a la Facultad de Medicina de Ginebra en Nueva York. Los funcionarios resolvieron que los estudiantes zanjaran si se le permitía asistir. Ellos pensaron que era una broma, decidieron seguir el juego y votaron a favor. Para su gran sorpresa, ella aceptó, completó sus estudios, y hoy sus contribuciones son celebradas anualmente mediante la Medalla Elizabeth Blackwell.

¿Y a la mujer por matar a su esposo? El peso de la ley

Desde los inicios del franquismo hasta 1963 las españolas eran dependientes de sus padres o esposos. Los hombres controlaban la custodia de los hijos en común y las cuentas bancarias de sus esposas, así como cualquier contrato, nacionalidad y residencia. Las mujeres alcanzaban la mayoría de edad a los 25 si eran solteras, salvo que vivieran en un convento. El castigo para los esposos por matar a sus esposas por cometer adulterio (o al adúltero), o a una hija menor de 23 que vivía en su casa por tener relaciones sexuales (o "al corruptor") era solo destierro, y no había castigo alguno por lesiones no graves.

“Déjame masticar lo que acabo de leer…”

En Vermont la ley exige a las mujeres casadas el permiso escrito de su marido antes de comprar dentaduras.

La norma surgió en 1856 cuando Leonard Gilman fue convocado por la corte suprema del estado por el dentista de su esposa, Willis Andrus, después de que ella solicitó "una placa de dientes minerales" que nunca pagó. El caso (Gilman v. Andrus) dictaminó que:

"Los dientes artificiales deben considerarse necesidades, y por esa razón el esposo es responsable del pago cuando se los ha proporcionado a su esposa, particularmente si ella los conserva con su conocimiento, y él ha dado el dentista que les dio razones para creer, de una conversación previa con él, que ella estaba autorizada para contratarlos".

En otras palabras, los esposos deben dar a los dentistas algún tipo de señal de que sus esposas pueden tener dientes falsos.

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