BUROCRATAS

“Para el año nuevo, lo confieso, mis vecinos se desconciertan”

El británico William Strachey (1819-1904) vivió cinco años en Calcuta y se convenció de que los cronómetros indios eran los más precisos del mundo. A su regreso al Reino Unido se negó a abandonar el horario de Calcuta. Los 56 años siguientes los vivió seis horas adelantado respecto a quienes lo rodeaban: desayuno a la luz de las velas a eso de las tres de la madrugada, almuerzo a la hora del desayuno, etcétera.

La integración vertical no le pega al derecho

En 2019, el británico Keith Cutler fue convocado para ser jurado en un caso en Salisbury Crown. Solicitó ser eximido del servicio de jurado, pero fue rechazado. Se le pidió que le escribiera al juez que presidía el caso.

Con su respuesta, quedó más que claro que su excusa era justificada: "Yo soy el juez que preside el caso".

Una verdad incómoda

En 1887, al detective parisino Robert Ledru le fue encargado investigar el asesinato de Andre Monet, un veraneante en Le Havre. A medida que inspeccionaba el caso -pistola alemana, un pulgar menos en el pie del asesino- llegó a la conclusión de que el culpable había sido él mismo mientras caminaba como sonámbulo. Les informó a sus superiores y fue encerrado. Le entregaron una pistola con cartuchos de fogueo y una noche se levantó y le disparó a un guardia a pocos metros, confirmando su responsabilidad en el crimen de Monet.

“Y a la próxima, dejo a todo el pueblo sin postre”

En 1902, la población blanca de Indianola, Mississippi, presionó a la afroamericana Minnie Cox a renunciar a su puesto de jefa de oficina postal. La tensión y las amenazas de agresiones físicas la llevaron a dejar el cargo.

El presidente Theodore Roosevelt continuó pagándole el salario a Cox y, como castigo al pueblo, redirigió el correo a Greenville, un pueblo ubicado a 48 kilómetros de distancia.