Ya lo dice el refrán, como la tráquea femenina otro acolchado no hay

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Pauline Bonaparte, hermana de Napoleón, gustaba de apoyar sus pies en la garganta de sus damas de compañía mientras se sentaba.

Una de las muchas que lo padeció fue Madame de Chambaudoin. En una ocasión, el prefecto de Niza y la duquesa d’Escars la encontraron tendida en el piso, con los brazos y piernas extendidos en el suelo, con los dos pies de Pauline sobre su garganta. “Madame, seguro esta posición es cansadora para usted”, preguntó el prefecto. “Oh, no, monsieur, estoy bien acostumbrada”, respondió semi ahogada. Pauline preguntó a la duquesa si prefería la tragedia o la comedia. Respondió que la tragedia. “Yo también” se le escuchó decir a la dama de compañía desde el piso. “Su voz, alterada por la presión de los pies de la princesa Borghese, volvió infinitamente ridícula la afirmación”.

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