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“Improvise ahora piruetas vocales”

La carrera de Ella Fitzgerald comenzó por accidente. Una noche de noviembre de 1934, se apuntó para competir como bailarina en una de las primeras “Noches Amateur” del Teatro Apolo de Harlem. Pero la presentación de las hermanas Edwards, un dúo local, forzó un cambio de última hora. Fitzgerald se sintió intimidada. Además de un despampanante desplante escénico, las Edwards llevaban primorosos y cuidados atuendos, mientras ella vestía ropa fuera de talla y botas de hombre. Como solución de emergencia, decidió cantar. Ganó el primer premio, US$ 25, “el dinero más duro que jamás he ganado”.

“Al menos nadie se resfrió”

En el mundial de Suiza de 1954 Uruguay goleó 7-0 a Escocia. Pese a que el verano de Basilea ofrecía más de 38 °C, los escoceses “lucían sus estupendas y tradicionales camisetas gruesas de lana, de manga larga y cuello alto abotonado hasta la barbilla”, que casi todos acabaron remangándose. Explica el mediocampista Tommy Docherty:

La Asociación Escocesa de Fútbol dio por sentado que Suiza era un país muy frío. Como tenía tantas montañas. Parecía que íbamos de expedición a la Antártida. Los uruguayos llevaban camisetas de verano, de cuello en pico y manga corta. ¡Cómo no íbamos a perder por 7-0!

“Y después, terminas el entrenamiento con una cazuela”

Para los Juegos Olímpicos de 1924, cuenta Eduardo Galeano respecto de los futbolistas uruguayos:

Las gambetas de los jugadores uruguayos, que dibujaban ochos sucesivos en la cancha, se llamaban moñas. Los periodistas franceses quisieron conocer el secreto de aquellas brujerías que dejaban de mármol a los rivales. José Leandro Andrade, intérprete mediante, les reveló la fórmula: los jugadores se entrenaban corriendo gallinas, que huían haciendo eses. Los periodistas lo creyeron, y lo publicaron.

Medalla de oro de fútbol… y actuación

Para los Juegos Olímpicos de 1924, antes de la era de la televisión, los europeos nunca habían visto jugar fútbol a Uruguay.

Los yugoslavos, contra quienes estrenarían, enviaron espías a la práctica. Cuenta Eduardo Galeano:

Los uruguayos se dieron cuenta, y se entrenaron pegando patadas al suelo, tirando la pelota a las nubes, tropezando a cada paso y chocándose entre sí. Los espías informaron:

—Dan pena estos pobres muchachos que vinieron de tan lejos…

Apenas dos mil personas asistieron a aquel primer partido. La bandera uruguaya fue izada al revés, con el sol para abajo, y en lugar del himno nacional se escuchó una marcha brasileña. Aquella tarde, Uruguay derrotó a Yugoslavia 7 a 0.

Aún no entendemos por qué no lo convocaron para X-men

Denzel Washington se dislocó tantas veces el dedo meñique de la mano derecha jugando fútbol americano que, antes de someterse a cirugía, podía dislocarlo a voluntad, con solo abrir la mano con fuerza. Dado que muchas veces ocurría por accidente, es común verlo en las películas reubicando su meñique disimuladamente.

Le pasó por paja-rón

Mike Edwards, cofundador de Electric Light Orchestra (ELO), murió impactado por un fardo de paja de 600 kg que rodaba colina abajo.

Antiamor a primera vista

La noche en que Franz Liszt presentó a Frédéric Chopin y la escritora George Sand (pseudónimo con nombre masculino de Amantine Lucile Aurore Dupin) Sand susurró a madame Marliani: “Ese señor Chopin, ¿es una niña?”. Al salir de la fiesta, por su lado, el polaco le comentó a su amigo “¡qué persona tan poco atractiva es la Sand! ¿De verdad es una mujer? Estoy por dudarlo”.

Fueron pareja por diez años.

Obi Wan-Kenobi sabe lo que dice

Poco después de que James Dean compró su Porsche 550 se encontró en Los Ángeles con Alec Guinness, Grace Kelly y otros actores en busca de un restaurante. “Acompáñenme”, les dijo. En camino, comentó que “me gustaría mostrarles algo”. Era el Porsche. “¿Cuán rápido es?“, preguntó Guinness. “Hace 240 km/h”, respondió Dean. Guinness describió así su reacción:

Son las diez de la noche, viernes 23 de septiembre de 1955. Si entras en ese auto serás encontrado muerto en él a esta hora la próxima semana.

Dean murió conduciendo su Porsche a 135 km/h. Eran las 17:15 del viernes siguiente.  Guinness falló por cuatro horas y cuarenta y cinco minutos.

“Y este va por dejar los calzoncillos en el velador”

En la Alemania medieval las parejas casadas podían zanjar disputas legales peleando un duelo marital. Para emparejar la cancha, el hombre peleaba desde un hoyo en el suelo con un brazo amarrado a su espalda. La mujer podía recoger piedras de los alrededores.

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