Para los Juegos Olímpicos de 1924, antes de la era de la televisión, los europeos nunca habían visto jugar fútbol a Uruguay.
Los yugoslavos, contra quienes estrenarían, enviaron espías a la práctica. Cuenta Eduardo Galeano:
Los uruguayos se dieron cuenta, y se entrenaron pegando patadas al suelo, tirando la pelota a las nubes, tropezando a cada paso y chocándose entre sí. Los espías informaron:
—Dan pena estos pobres muchachos que vinieron de tan lejos…
Apenas dos mil personas asistieron a aquel primer partido. La bandera uruguaya fue izada al revés, con el sol para abajo, y en lugar del himno nacional se escuchó una marcha brasileña. Aquella tarde, Uruguay derrotó a Yugoslavia 7 a 0.