ANECDOTARIO

“Y lo condeno a sugerencia de muerte”

En 1885 ahorcaron a John Lee en tres ocasiones. En los tres casos falló la puerta, aun cuando funcionó perfectamente sin Lee. Tras el tercer intento fallido fue devuelto a su celda conforme a la ley y finalmente absuelto algunos años después.

A quien madruga Dios le ayuda… a cambiar de giro

Ernst Haeckel, el científico que acuñó la palabra "ecología", aceptó ser médico a instancias de sus padres, aunque sus intereses estaban en la naturaleza. Por eso es que, cuando abrió su consulta en Berlín, los pacientes solo podían visitarlo entre las 5 y 6 de la mañana. Como era de esperar, solo tuvo media docena de pacientes durante su primer año.

Eso sí, como anunció con orgullo, ninguno falleció bajo su cuidado.

Aliados policiales de la era del hierro

En 1983 se encontró la cabeza de una mujer en una turbera en Cheshire, Reino Unido. Peter Reyn-Bardt asumió que pertenecía a su esposa, Malika Maria de Fernandez, a quien él había asesinado y arrojado al pantano en 1961, y confesó su crimen. Los restos fueron datados y arrojaron 1750 años. El asesino fue condenado a causa de su confesión innecesaria.

Una noticia electrificante

Nikola Tesla teorizó que la aplicación de electricidad al cerebro mejoraba la inteligencia. En 1912, elaboró:

un plan para hacer brillar a los estudiantes embotados saturándolos inconscientemente con electricidad (...) saturando [el aula] con ondas eléctricas infinitesimales que vibran a alta frecuencia. Así, Tesla afirma que toda la sala se convertirá en un campo electromagnético estimulante y un saludable o 'baño'.

El plan fue aprobado por el entonces superintendente de escuelas de la ciudad de Nueva York, William H. Maxwell, para una prueba de seis meses en aulas con niños con problemas mentales.

“No me llamaron ‘El Grande’ por lo chupamedias”

Voltaire cuenta que Teodorico El Grande, rey de los Ostrogodos, decapitó a un ministro por convertirse a su religión –la arriana– para ganar sus favores. “Si un hombre no es fiel a Dios”, comentó “¿Cómo puede ser fiel a mí, que no soy más que un hombre?”.

Ella no baila sola

Una noche de noviembre de 1934, una desconocida Ella Fitzgerald se apuntó para competir como bailarina en una de las primeras “Noches Amateur” del Teatro Apolo de Harlem.

Hubo un cambio de última hora. Fitzgerald se sintió intimidada por la presentación de un dúo local, las hermanas Edwards. Además de grandes bailarinas, llevaban atractivos atuendos, mientras ella vestía ropa fuera de talla y botas de hombre. Como solución de emergencia, decidió cantar. Ganó el primer premio, US$ 25, “el dinero más duro que jamás he ganado”.

Hoy es conocida como la "Reina del Jazz" y como la "Primera Dama de la Canción".

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