Mes: Septiembre 2017

A veces, la automedicación funciona

En 1998, Steven Russell estaba preso en una cárcel de Texas. Decidió fingir que padecía SIDA. Dejó de comer cuanto pudo y tomaba laxantes para lucir famélico. Falsificó informes de salud en la máquina de escribir de la biblioteca de la prisión y los envió a los departamentos oficiales a través del sistema de correo interno. La autoridad lo transfirió a un recinto médico. Una vez ahí, se hizo pasar por su propio médico por teléfono, y obtuvo permiso para participar de un tratamiento inexistente, fuera de la prisión. Un par de semanas después volvió a encarnar al falso médico, para informarles que, lamentablemente, Steven Russell había fallecido.

"Ese escape fue el más difícil", comentó luego Russell. "Tuve que disciplinarme por completo para perder peso y leí un montón acerca de los síntomas del SIDA".

“¡Pero podría usar sus sostenes de máscara antigás!”

Durante la Segunda Guerra Mundial, la OSS aprobó sobornar a un jardinero de la huerta de la residencia alpina de Hitler para introducir estrógeno en sus zanahorias, de manera de feminizarlo y volverlo menos agresivo. “La esperanza era que se le cayera el bigote y su voz se volviera de soprano”, según Stanley Lovell, jefe de investigación de la OSS. El estrógeno es insípido y de efecto lento, por lo que no sería detectado por catadores. “Como sobrevivió, solo puedo suponer que el jardinero tomó nuestro dinero y arrojó las jeringas y los medicamentos al matorral más cercano”.

“El alojamiento incluye desayuno, pero no alojamiento aún”

Durante la campaña presidencial estadounidense de 2008, Brian Chesky y Joe Gebbia buscaban financiamiento para su emprendimiento: una plataforma que permitiese a los propietarios arrendar habitaciones o camas por noche. Para pagar cuentas y costos esenciales, resolvieron en el intertanto vender cereales para el desayuno con el rostro de Barack Obama, intentando rentabilizar su emergente popularidad, y de John McCain, su rival republicano. Los llamaron "Obama O's" y "Cap'n McCains". Vendieron cerca de 800 cajas a la increíble suma de US$ 40 cada una.

A inicios de 2009, se presentaron ante Paul Graham y otros tres socios de la incubadora de emprendimientos Y Combinator. La idea de permitir alojar extraños en espacios privados les pareció extraña, pero antes de marcharse Chesky y Gebbia le entregaron a Graham una caja de cereales de Obama. "¿Dónde compraron esto?" les preguntó. "Lo hicimos nosotros". "¿A qué se refieren?". Le explicaron la historia.

Graham los llamó por teléfono después para informarles que le daba un espacio en Y Combinator. Definitivamente no le gustaba la idea, pero estimó que quien era capaz de vender cereales a US$ 40 podría sacar adelante lo que fuera. Fue el despegue de Airbnb.

“Egresados con distinciones”

El 11 de marzo de 2002, exactamente seis meses después del ataque a las Torres Gemelas, Huffman Aviation, la escuela aeronáutica donde Mohamed Atta y Marwan Al-Shehhi aprendieron a volar, recibió una carta del servicio de inmigración estadounidense. Se le notificaba que la visa de estudiante de sus alumnos había sido aprobada.

Mejor tecnología que las imágenes satelitales

Tras la explosión del transbordador Columbia, se revisó el terreno entre Texas y Luisiana en busca de piezas. El rastrilleo fue tan acucioso que se encontró, además de 84.000 piezas del transbordador, varios cadáveres -al parecer víctimas de asesinatos- y laboratorios de metanfetaminas.

El imperio económico de las apuestas de pubs

El 10 de noviembre de 1951, Hugh Beaver, administrador de la cervecería Guinness, salió de caza en Irlanda. Apareció un chorlito dorado (Pluvialis apricaria), pero falló el tiro. En su defensa, argumentó que era el ave más veloz de Europa. Le contraargumentaron que era el lagópodo escocés. Beaver no pudo encontrar un libro que corroborara su posición, y pensó en la cantidad de discusiones de ese tipo que se producían a diario en los pubs irlandeses. Decidió crear un compilado de plusmarcas para resolverlas. Nació así Guinness Records.

Obsolescencia no programada

Steve Jobs cambiaba su Mercedes SL55 AMG gris cada seis meses por uno nuevo idéntico, porque ese era el plazo que podía usarlo sin necesidad de obtener patente.

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