ANECDOTARIO

Como un delito me salvó de la pena de muerte

Hermann Goering, el lugarteniente de Hitler, era coleccionista de arte. Robó, extorsionó y ocasionalmente compró pinturas, pero su gran meta era un Vermeer original. Hitler tenía dos. Un comerciante de arte neerlandés llamado Han van Meegeren le vendió uno, "Cristo con la Adúltera" (a la izquierda).

Tras la guerra, van Meegeren fue juzgado por traición, una infracción que se pagaba con la muerte, pues la obra era considerada un tesoro nacional neerlandés. Pero el comerciante reveló que no le había vendido una obra maestra a un criminal de guerra Nazi, sino que él mismo la había falsificado. Para demostrarlo, pidió que le trajeran morfina y alcohol -era la única manera que podía trabajar- y pintó otro maravilloso Vermeer. En lugar de la pena capital pasó solo un año en la cárcel por falsificación, y murió como un héroe para los neerlandeses.

Cuando Goering se enteró que su preciado Vermeer no era auténtico, en palabras de su biógrafo, "lucía como si por primera vez hubiese descubierto que había maldad en el mundo".

“Es que soy alérgico al peluche”

En 2013, el chino Wang Kaiyu compró dos cachorritos en una granja de plátanos de Vietnam. El vendedor le aseguró que al crecer se convertirían en fieros perros guardianes. Al crecer, su apetito era insaciable, y atacaban y se comían sus pollos.

Dos años después, al viajar a una exhibición de vida silvestre, Wang se dio cuenta que estaba criando dos osos negros.

Estilo de vida de rockstar, cerebro de chorlito

En 1984, Steven Tyler, vocalista de Aerosmith, oyó You See Me Crying por la radio y exclamó: "¡Hey! ¡Esto es genial! Debiésemos hacer un cover. ¿De quién es?"

Joe Perry, el guitarrista, le respondió:

Somos nosotros, imbécil [fuckhead].

“Es que eran gruñidos de amor, mi querida”

El japonés Otou Katayama dejó de hablar con su esposa Yumi por los celos que despertaba la atención que ella brindaba a sus hijos. Durante 20 años, en los que vivieron en la misma casa y criaron a los tres hijos, solo se comunicaba con ella a través de gruñidos y ruidos. Con la ayuda del canal Hokkaido TV el hijo de 18 años concertó un encuentro en el parque de su primera cita y solo entonces él volvió a hablarle, mientras sus hijos escuchaban escondidos.

Quien te quiere, te aporrea

En 1985, Alain Mafart fue uno de los cabecillas del operativo que hundió al Rainbow Warrior, el barco de Greenpeace en Nueva Zelanda. El atentado ocasionó la muerte del fotógrafo Fernando Pereira.

Tras salir de prisión, Mafart se transformó en fotógrafo. Una de sus fotos fue incluida en el calendario de Greenpeace de 2015. La organización destruyó 14.000 copias cuando se enteró.

“Ya decía yo que los calzones abultaban”

En 1878, murió la señora Nash, la lavandera del Séptimo Regimiento de Caballería de Fort Meade, Estados Unidos. Preparando su cuerpo para el funeral, descubrieron que era hombre. Cuando su esposo volvió de la campaña, se quitó la vida de un tiro.

“Es que quiero dar un anillo de compromiso a mi querida gigantosauria”

Cuando Atahualpa fue secuestrado por Francisco Pizarro, ofreció a cambio de su liberación repletar de oro una habitación de 96 m3, y luego dos veces de plata.

De utilizar metal fundido macizo, esto hubiese tenido un valor de 78 billones de dólares a precios de 2014, superior al PIB de Sudán.

Las bacterias no atienden razones políticas

Qin Shi Huang, unificador y primer emperador de China, murió en 210 A.C. en Shaqiu, situado a dos meses de viaje de la capital. Para evitar revueltas, su muerte se mantuvo en sigilo.

Para camuflar el olor a cuerpo en descomposición, cargamentos de pescado podrido fueron posicionados adelante y atrás del carro del emperador. Para dar credibilidad a la farsa, el cadáver recibía una nueva muda todos los días, le llevaban comida y su comitiva fingía que les enviaba mensajes.

“Al menos tenían lectura con que esperar la muerte”

Los hermanos Homer y Langley Collyer eran famosos representantes del síndrome de acaparador compulsivo. En su departamento en Manhattan llegaron a acumular 140 toneladas de libros, periódicos viejos, muebles, instrumentos y lo que fuera. Protegían sus propiedades con trampas para ahuyentar intrusos.

Hacia 1947, Homer estaba ciego y paralizado. Langley le llevaba comida por el túnel de periódicos que había sido construido para avanzar en la montaña de objetos acumulados. Antes de alcanzarlo, sin embargo, fue atrapado por una de sus propias trampas. Ambos murieron de hambre y deshidratación, a 3,3 metros de distancia.

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