“Es que eran gruñidos de amor, mi querida”
El japonés Otou Katayama dejó de hablar con su esposa Yumi por los celos que despertaba la atención que ella brindaba a sus hijos. Durante 20 años, en los que vivieron en la misma casa y criaron a los tres hijos, solo se comunicaba con ella a través de gruñidos y ruidos. Con la ayuda del canal Hokkaido TV el hijo de 18 años concertó un encuentro en el parque de su primera cita y solo entonces él volvió a hablarle, mientras sus hijos escuchaban escondidos.
