Mes: Febrero 2021

La verdad por decreto

En otoño de 1943, el general Adolf Galland, uno de los más prodigiosos ases de la Luftwaffe, informó a Hermann Göring, mandamás de la Luftwaffe, que cazas estadounidenses habían sido derribados en Aquisgrán, en la frontera de Alemania con Bélgica. Herr Reichmarschall se negó a creer la incontestable evidencia, y respondió que los aviones habían sido derribados más al oeste y luego planeado hasta allá. Cuando Galland, con todo el sentido común del mundo, contraargumentó que en tal caso los pilotos hubiesen decidido planear en el sentido contrario, Göring perdió la paciencia:

—Bien, Herr Galland, afirmo oficialmente que los aviones de combate estadounidenses no llegaron a Aquisgrán

—Pero, señor, estaban allí

—¡Por la presente le doy una orden oficial de que no estaban allí! ¿Entiende? ¡Los combatientes estadounidenses no estaban allí! ¡Entiende eso! Tengo la intención de informar de eso al Führer.

Mientras se alejaba, Göring se volvió una vez más y gritó:

—¡Tienes mi orden oficial!

Galland respondió con una sonrisa:

—¡Las órdenes son órdenes, señor!

Agresión extra proteica

En 1841, durante la Guerra Grande, área del Río de la Plata, el estadounidense John Halstead Coe comandaba su escuadra contra la dirigida por el británico William Brown. Carente de municiones, ordenó cargar los cañones con grandes trozos de durísimo queso edam. Uno se astilló al golpear contra el mástil principal, otro atravesó la portilla y mató a dos hombres, y varios otros perforaron las velas. Brown se replegó.

Estética vegana

Los aztecas hacían collares y decoraban estatuas religiosas con palomitas de maíz.

El último límite de la autogestión

En 1803, la Francia de Napoleón vendió el territorio de Luisiana a Estados Unidos. Eran 2,14 millones de kilómetros cuadrados, equivalente al 22% del territorio del país actual. Los franceses gastaron toda la plata en el proyecto, nunca concretado, de invadir el Reino Unido. Dado que Estados Unidos costeó la compra con ayuda de un banco británico, con permiso del gobierno en Londres, los británicos estaban financiando la invasión contra sí mismos.

“¿Crush? Como no. Tres kilómetros al norte de Cataplum”

En Texas en 1896 organizaron un choque frontal de dos trenes a toda velocidad. No se cobraba entrada, pero se debía pagar el pasaje de US$ 2 hasta el sitio del suceso, una estación montada para la ocasión bajo el apropiado nombre de Crush. El evento era organizado por un emprendedor con el esplendoroso nombre de William George Crush. Unos 45 mil curiosos se apersonaron a presenciar el espectáculo, multitud que en ese instante excedía a la segunda ciudad más poblada del estado. Tras la colisión ambas calderas explotaron y la consiguiente lluvia de escombros dejó un tendal de heridos y dos muertos. Las familias de las víctimas fueron compensadas con, advierta usted la ironía, pases de tren de por vida en la misma compañía que produjo este horror. Más le vale que aprecie esta foto, porque el fotógrafo que la capturó perdió un ojo inmediatamente después por un remache volador.

 

“Son buena gente estos alemanes, no matarían ni una mosca”

El 9 de octubre de 1914, a más de dos meses del estallido de la Primera Guerra Mundial, el buque alemán SMS Emden arribó a la colonia británica de Diego García, al sur de India. En lugar de a cañonazos, y para sorpresa de toda la tripulación, fueron cálidamente bienvenidos. Los residentes no habían recibido las noticias de Europa. El SMS Emden fue reparado y reabastecido. El capitán incluso mandó arreglar un bote del lugar en agradecimiento.

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