En 1881, el criminal George Manuse, más conocido como George Parrott por el tamaño de su nariz, fue sacado a rastras de la cárcel de Rawlins por doscientos ciudadanos iracundos con sus crímenes, y a continuación colgado de un poste de telégrafo. Comisionaron una autopsia al doctor John Osborne. Tras no encontrar nada inusual desolló el cadáver y envió la piel a Denver con instrucciones de “hacer un par de zapatos y dejar las tetillas puestas”. Los zapatos llegaron sin tetillas, pero los usaba igual. También hizo un bolso con la piel del pecho. El casquete del cráneo se lo regaló a la doctora Lillian Nelson para cenicero y tope de puerta. Once años después Osborne fue elegido gobernador de Wyoming y vistió sus zapatos de piel humana en el baile inaugural. Más tarde los vistió en Washington como diputado, y como subsecretario de Estado de Woodrow Wilson.