En 1953 un perro callejero se apeó de un tren de carga en Campiglia Marittima, Toscana, y fue adoptado por el jefe de estación, Elvio Barlettani. Lo llamó Lampo. Casi cada mañanas acompañaba a su hija al colegio a Piombino y regresaba solo en otro tren. A menudo abordaba otros trenes, viajaba a otros destinos y siempre se las arreglaba para regresar a Campiglia Marittima.
Al cabo de unos años, la dirección ferroviaria de Florencia obligó a Barlettani a deshacerse de él. Subieron a Lampo a un tren de carga con destino a Nápoles, pero regresó al cabo de unos días. Luego lo entregaron en Barletta, a 650 kilómetros de distancia en el sur de Italia, y tras cinco meses volvió Campiglia Marittima. En ese punto se convirtió oficialmente en la mascota de la estación hasta su muerte en 1961.