La justicia será ciega, pero el sentido del gusto no lo ha perdido
Mathias Blau, de Chicago, persuadió a su esposa de extraer todos sus dientes. Luego se rehusó a comprarle dentaduras postizas argumentando que era más barato alimentarse de sopas que de comida sólida. En 1928 un juez lo sentenció a pagarle dos juegos de dentaduras postiza y al menos un bistec a la semana.
