Mes: Junio 2020

El órgano más relevante del andamiaje democrático

Al presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson le gustaba jactarse del tamaño de su pene, al que llamaba Jumbo. Siendo senador, solía sacarlo sin aviso para orinar mientras dialogaba con otros hombres en el estacionamiento, y seguía hablando sin interrupción.

A los periodistas que le preguntaban críticamente por qué Estados Unidos seguía en Vietnam les respondió un gesto simple e inconfundible: se desabrochó el pantalón, desenvainó su pene y dijo: "¡Por esto!"

“250mg de estuco después de cada comida y estamos”

Durante la elección presidencial de 1920, Arturo Alessandri despertó tal fervor en sectores populares que su casa en Alameda estaba siempre rodeada de gente que le hacía “guardia de honor”, que no se alejaban hasta que se asomara por el balcón y les hablara, o que lo subían a silla de mano y lo acarreaban gritando consignas. En una muestra todavía más extrema de este éxtasis político, mujeres y niños sacaban pedacitos de ladrillo de las paredes de su casa para recuerdo o como amuletos, y estuco para usarlo como medicamento.

“El mío será un gobierno transparente”

Carlos VI, rey de Francia entre 1380 y 1422, creía que estaba hecho de vidrio. Para proteger su frágil cuerpo, se vestía con ropa especial reforzada y prohibió a sus cortesanos acercarse.

Una salva…. salva lo que puedas

En 1898, el barco estadounidense USS Charleston llegó a la isla española de Guam, y disparó sus cañones. Los españoles decidieron no devolver los saludos porque los cañones del fuerte no se usaban hacía muchos años y ya no eran seguros. En lugar de eso, tres representantes salieron a recibirlos en un pequeño bote. Al abordar el buque, se enteraron de que los cañonazos no eran salvas sino balas reales, que Estados Unidos le había declarado la guerra a España y que —esto fue lo que más los asombró— eran ahora prisioneros de guerra.

Todo el mundo sabe que una revuelta no se gana a calzoncillazos

En 1919, Arturo Alessandri le dijo a Cornelio Saavedra Montt:

Tú te jactas mucho de tu civilismo y de tu valor para defender el régimen constitucional. Esto, tal vez, lo dirás en tus memorias, aprovechándote de que yo no escribiré las mías, para recordarte cómo una noche, a altas horas, en 1919, fuimos a la Avenida Matucana a ver a un general, con el que contábamos para derribar el gobierno. Tú te debes acordar que el general salió a abrirnos la puerta de la calle en calzoncillos y con poncho, con una vela en la mano, y que después de ese espectáculo se enfrió por completo nuestro entusiasmo para derribar al gobierno con tales hombres.

Lo único que hicieron bien fue escoger la bahía con el nombre adecuado

En 1961, Estados Unidos coordinó una invasión a Cuba, vía Bahía de Cochinos. El plan original era apoyar a disidentes cubanos y esconder el involucramiento norteamericano. El plan fracasó estrepitosamente. A dos días de iniciada la acción, cuando la participación estadounidense era ya indesmentible, el presidente Kennedy aprobó, después de muchas vacilaciones, proveer escolta aérea. Aviones del portaaviones USS Essex protegerían a los B-26 tripulados por hombres de la CIA que despegarían desde Nicaragua. Sin embargo, en una asombrosa nueva exhibición de incompetencia, olvidaron que había una diferencia de una hora entre Washington y Nicaragua. En consecuencia, nunca pudieron encontrarse. Dos de los cinco B-26 que despegaron desde Nicaragua fueron derribados y cuatro estadounidenses murieron.

 

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El peor enemigo del hombre

Durante la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos  entrenaron perros militares para llevar explosivos con cuentas regresivas bajo tanques enemigos. Una vez en la batalla, sin embargo, los perros desconocieron los sonidos y olores de los tanques a gasolina alemanes, y prefirieron los tanques soviéticos que les eran familiares, con sonidos conocidos y olor a diésel. Los soviéticos habían entrenado a perros para sabotear su propio ejército.

Lo que es darle alas a la política

Criado como típico niño de campo, Arturo Alessandri hizo coexistir en singular armonía tres mascotas aladas: un águila, un traro y un tiuque.

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