“Algo así de mullido y giratorio no puede si no ser obra de Lucifer”
La primera silla de oficina moderna, la Centripetal Spring Armchair de 1849, permitía inclinarse en todas las direcciones, el asiento y las ruedas eran giratorias, y uno de sus modelos poseía reposacabezas y apoyabrazos.
Pese a todo, en el Reino Unido fue un fracaso comercial porque era demasiado cómoda. Los victorianos aristocráticos valoraban los asientos rígidos y sin apoyo que permitían demostrar refinamiento, fuerza de voluntad y moralidad a través de una postura erguida.
