En 1942, un piloto de la RAF ya muy herido para seguir volando fue destinado a Washington con la misión de debilitar el ala aislacionista estadounidense, influyendo sobre periodistas y políticos. Como parte de su misión, le encargaron seducir a la escritora y diputada Clare Boothe Luce, trece años mayor que él. Además de su influencia personal, su marido era Henry Luce, fundador de Time, Life, Fortune y Sports Illustrated, y como tal muy influyente en la opinión pública.
El piloto lo logró, pero a un alto precio personal: “Estoy hecho polvo. Esa maldita mujer me ha follado de un extremo a otro de la habitación durante tres malditas noches”. Cuando trató de renunciar ante Lord Halifax, embajador británico en Washington, él le dijo: “¿viste la película de Charles Laughton sobre Enrique VIII?”. Ante la afirmativa, continuó: “Bueno, ¿recuerdas la escena en la que Enrique entra en el dormitorio con Ana de Cléveris, y se gira y dice “las cosas que he hecho por Inglaterra”? Bueno, eso es lo que tienes que hacer”.
¿El piloto? Roald Dahl, autor de Charlie y la fábrica de chocolate y otros libros infantiles.