“Entiendo su angustia, vecino [de hecho, mejor que usted]”
Gina DeJesus permaneció como prisionera y esclava sexual de Ariel Castro durante nueve años. Su padre, vecino del secuestrador, interactuaba con él regularmente. Compartía cervezas y conversaciones en su jardín, ignorante de que su hija extraviada yacía a pocos metros de distancia. Cuando los vecinos se reunieron para una vigilia con velas en memoria de Gina, Castro asistió y consoló a la madre. y participó en una cuadrilla de búsqueda. El hijo de Castro, sin saber que el secuestrador era su padre, reporteó el caso para la prensa local.
