Orina

Sin lugar para los débiles

Existe una tradición consuetudinaria en las graderías, de acuerdo con la cual hasta las almas más virginales cuentan con exención plenaria para despotricar sin censura contra la familia del caballero que, justificadamente o no, expulsó a uno de los nuestros.

  • Enrico Preziosi, presidente del Como y dueño de una fábrica de juguetes, fabricó un videojuego en el que los jugadores atacan al árbitro con martillos.
  • La prensa rumana, molesta por el arbitraje del suizo en un match contra Dinamarca, publicó su correo electrónico, de modo que al juez no le quedó más alternativa que lidiar con catorce mil misivas de odio, además de las maldiciones que recibió de parte de siete brujas de Craiova.
  • Mihal Macovei, presidente del AC Roso Floreni de Moldavia, se enfureció de tal modo con el cobro de un penal que montó en su jeep y persiguió al referee, Vitalie Onica, dentro del mismo campo de juego.
  • Otro guardalíneas de Italia tuvo que correr de un lado a otro intentando huir de los hinchas del Taranto, que le orinaban desde las graderías.

Armas químicas en el campo de juego

En cuartos de final del Mundial de Chile 1962, Brasil colisionó con Inglaterra. La destreza británica más recordada de ese match no fue futbolística. Como ocurre desde tiempos inmemoriales en todo espectáculo masivo chileno, un perro callejero invadió la cancha. Hubo que detener la acción, mientras Garrincha y otros jugadores intentaban agarrar al quiltro.

Jimmy Greaves priorizó la estrategia por sobre la agilidad, y se acuclilló para atraerlo con cariño fingido. Gateó hacia él, lo miró fijo a los ojos y, una vez ganado su corazón, dio el zarpazo. El público ovacionó la maniobra casi más que los dos goles de Garrincha. Lo que no se veía desde las tribunas es que el perro evacuó sobre su camiseta, y como no había recambio Greaves siguió desempeñándose con orina de perro por el resto del match. "Empecé a apestar de tal manera... Era asqueroso", recordaba. "No me explico cómo no gané aquel partido yo solo... ¡desde aquel momento ningún defensa brasileño se atrevió a acercarse a mí!".

Al finalizar el mundial, Garrincha adoptó al quiltro, por lo que Jimmy Greaves se conocía en Brasil como “el agarrador del perro de Garrincha”.

Una experiencia renal

Los primeros conciertos de los Beatles en el Reino Unido eran una experiencia húmeda. Bob Geldof, el organizador del Live Aid de 1985, rememora:

Me acuerdo de mirar por el suelo del cine y ver riachuelos de pis por los pasillos. Las chicas se orinaban literalmente de la emoción. Así que lo que más asocio a The Beatles es el olor a orina.

Tras un concierto en Hull en 1963, hubo que recoger 40 pares de bragas que las fanáticas abandonaron a su suerte. Bastó que en una entrevista Harrison comentara al paso que disfrutaba las golosinas Jelly Babies para que los bombardearan con ellas en sus presentaciones. Cansados de esquivarlas –una aterrizó en el ojo de Harrison– escribieron una carta a sus fans implorando que se detuvieran. En Plymouth, la policía tuvo que recurrir a chorros de agua a presión para contener a las hordas enardecidas. Lennon tenía un hijo y estaba casado desde agosto de 1962, pero fue ocultado para no matar las pasiones y estimular a las chicas a seguir pagando tickets.

La cuasi literalidad en eso de “cañería de milico”

En 1626, Carlos I de Inglaterra ordenó a cada súbdito acumular la orina –cada dos días en invierno, diariamente en verano– y su posterior entrega a las arcas fiscales para la producción de salitre, a su vez necesario para manufacturar pólvora.

“Total, a bordo no hay nadie a quien besar”

En 1497, Vasco da Gama y 170 hombres zarparon rumbo al Cabo de Buena Esperanza y más allá. A la altura de Mozambique, el escorbuto ya hacía estragos. Los marineros recurrieron a la práctica habitual de la época: cortar sus inflamadas encías con cuchillos y refregar las heridas con orina.

Los borrachos de cerveza al socorro de la ciencia

Son escasísimos los registros de vida del Precámbrico. Uno de los pocos es el fósil de Kakabekia, microorganismo con forma de paraguas tolerante al amoníaco. ¿Cómo lo inferimos? Porque algunos especímenes de este género subsisten a los pies del Castillo de Harlech, en Gales, sobreviviendo a generaciones de británicos orinando en sus muros.

A algunos se les cruzan los cables. A otros, las cañerías

El 22 de febrero de 2006, Joseph E. Swain ingresó al Kent General Hospital para revertir una colostomía. Debido a un horrendo error médico, acabó orinando heces líquidas y defecando orina. Swain demandó a los médicos ante la Corte Suprema de Delaware.

“Hay que dar tiempo para apuntarle al jabón del urinario”

Ley de la orina: los animales tardan en torno a 21 segundos a vaciar sus vejigas, independiente del tamaño (desviación estándar de 13 segundos). Los animales más grandes, aunque su volumen de vaciado es mayor, tienen uretras de mayor tamaño, mientras que los más pequeños deben superar tensiones superficiales que reducen el flujo a un goteo.

“Vea el lado positivo: le están abonando su sala”

Para el estreno de Blancanieves de Disney en 1939, algunas escenas de la bruja causaban tal temor en los niños, que Radio City Music Hall de Nueva York tuvo que cambiar sus seis mil cojines de terciopelo una vez que el film terminó su ciclo de presentaciones. Estaban arruinados por la cantidad de niños que se orinó en los pantalones

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