URSS

“Le garantizo que la sangre de utilería duele harto menos”

Joseph Goebbels, ministro de propaganda del régimen Nazi, comandó la confección y escribió parte del guion del drama bélico Kolberg, concebido como la versión alemana de Lo que el viento se llevó, “Una épica espectacular, superando las más suntuosas superproducciones estadounidenses”. En 1945, en medio de la debacle alemana, Goebbels destinó 8,5 millones de marcos a una producción en Agfacolor. Se fabricaron 10 mil uniformes a medida y se comisionaron cargamentos de trenes llenos de sal para la nieve artificial. Mientras la megalomanía nazi zozobraba en las trincheras, miles de militares fueron traídos desde los verdaderos campos de batalla para aparecer como extras (185.000, de acuerdo a las poco verosímiles memorias del director). Kolberg fue concluida tras dos años de trajines, a días de la caída definitiva. Hitler la proyectó en su búnker al tiempo que las tropas soviéticas marchaban a pocos kilómetros de Berlín.

El valor de la desinformación

El 17 de junio de 1941, Vsevolod Merkulov, Comisario de Seguridad del Estado, dejó un informe sobre la mesa de Stalin donde se informaba que Hitler planeaba invadir la Unión Soviética.

Stalin escribió en el margen del informe: "Camarada Merkulov, puedes enviar a tu ‘fuente’ a que le haga compañía a su puta madre. Esto no es una ‘fuente’ sino un desinformador”.

Cinco días más tarde, comenzó la Operación Barbarossa con la aviación alemana bombardeando las ciudades soviéticas de la Polonia ocupada.

Choqueado, Stalin tardó una semana en comandar la defensa. Con la experiencia de las purgas fresca en la memoria, ningún general en su sano juicio iba a tomar iniciativa alguna sin la orden del dictador. Incluso cuando chocaron con las huestes alemanas, transcurrieron cuatro largas horas de lluvia de balas antes que las tropas soviéticas respondieran un solo tiro: Stalin aún creía que el Führer no estaba al tanto de lo que ocurría.

Solo un pequeño error en la secuencia digestiva

Los soviéticos que conquistaron Berlín en 1945 eran a menudo muchachos rurales, poco familiarizados con las comodidades de la vida urbana. Thea Rosenbaum relata en sus memorias:

Los soviéticos viven en nuestro edificio mientras nosotros nos escondemos en el sótano. Saben que estamos allí, por supuesto. Muchos de estos reclutas soviéticos creen que los inodoros se usan para lavar patatas. En más de una ocasión, soldados soviéticos furiosos irrumpen en nuestro sótano exigiendo que les devuelvan sus patatas. Las han tirado por el inodoro y están indignados por la defectuosa ingeniería alemana

“Propongo rendirnos por pelotudos”

En el primer día de la crisis de los misiles, John F. Kennedy reveló no manejar del todo la situación: "¿Por qué los pone allí?”, preguntó respecto a los misiles soviéticos, “es como si de repente comenzáramos a colocar un gran número de misiles balísticos de medio alcance en Turquía. Bueno, eso sí que sería malditamente peligroso, creo”. McGeorge Bundy, el asesor de seguridad nacional, respondió en el acto: "Bueno, lo hicimos, señor presidente".

“Y si no resulta, igual puede agarrar al oso a trombonazos”

En sus inicios, el jazz fue culpado, entre otras cosas, del ataque al corazón de un cornista clásico de avanzada edad, de la desfavorable balanza comercial entre Estados Unidos y Hungría, del detrimento en la calidad de los tenores italianos, del declive de la civilización moderna y hasta de espantar osos en Siberia.

En la Unión Soviética, temiendo por su desmedida influencia cultural, se llegó a castigar con seis meses de cárcel la ejecución de jazz estadounidense.

Cuando la misión es encontrarse a uno mismo

En 1985, los topos (agentes encubiertos) que la FBI había infiltrado en la KGB fueron descubiertos. La FBI resolvió entonces identificar a los topos dentro de sus propias filas. La misión fue encomendada al agente Robert Hanssen. Lo que los superiores de la FBI ignoraban, era que el propio Hanssen era un topo que trabajaba para la KGB, y de hecho era uno de los dos agentes que había delatado a los agentes encubiertos recién descubiertos por los soviéticos.

“Intento descifrarlo, pero este choclo impide una visualización completa”

La "Operación Tamarisk", llevada a cabo por Estados Unidos, Reino Unido y Francia durante la Guerra Fría, consistía en examinar los documentos arrojados a la basura por los soviéticos.

Su principal fuente de información eran los documentos utilizados por los soviéticos para limpiarse después de defecar, los que eran recogidos, empacados y enviados para que funcionarios de la Joint Services School for Linguists estudiaran lo que aún podía leerse entre las manchas de caca.

Toda la calidez de la guerra fría

Gennadiy Vasilenko y Jack Platt, agentes de la KGB y de la CIA respectivamente, debían cada uno reclutar al otro para actuar como contrainteligencia mientras vivían en Washington entre 1976 y 1981. Sabían que el otro era espía, pero se hicieron tan amigos —cenas con esposas inclusive— que decidieron disfrutar de la compañía y no volver a mencionar el tema.

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