Grandes impostores

“Mis colegas me conocen tan bien como yo mismo”

El científico surcoreano Moon Hyung-in publicó al menos 35 artículos en publicaciones con revisión de pares (peer-reviewed) en los cuales los pares era él mismo. Creó una red de nombres falsos y correos electrónicos que él manejaba. Desde luego, los informes de los revisores eran impecables.

“Pero mamá ¿Acaso no sabias que la pedofilia te cambia el acento?”

En junio de 1994, Nicholas Barclay, de 13 años, desapareció en San Antonio, Texas. A fines de 1997, el francés Frédéric Bourdin, entonces de 23, viajó a Estados Unidos y declaró ante los padres que él era el hijo perdido, pese a su acento francés y aun cuando ni siquiera el color de los ojos era el mismo. Explicó que había escapado de una red de prostitución infantil, y que sus captores cambiaron el color de los ojos mediante químicos. Asombrosamente, engañó a los Barclay, y vivió con ellos durante cinco meses, hasta que un investigador privado comparó sus orejas con las de una foto. El FBI comparó huellas dactilares y ADN, probó el fraude. Fue condenado a seis años de prisión.

Una vez fuera de la cárcel, Bourdin suplantó a numerosas otras personas. En 2005, con 31 años de edad, se hizo pasar por Francisco Hernandes-Fernandez, un huérfano español de 15, y se pasó un mes en un colegio en Pau. Usaba gorra para esconder los principios de calvicie de su frente y crema depilatoria para el vello facial.

Primero vendo, luego existo

Durante los años cincuenta, las listas de los libros más exitosos en Estados Unidos consideraban no solo ventas, sino además pedidos de próximos lanzamientos en librerías. Molesto con el sistema, en 1956 el locutor radial Jean Shepherd pidió a sus radioescuchas que solicitaran una novela llamada I, Libertine, escrita por Frederick R. Ewing, explicando la trama. Ni el autor ni el libro existían, pero de todos modos estuvo en la lista de los más vendidos durante siete semanas en el verano, y fue censurado en Boston.

Ballantine Books aprovechó el fenómeno, contrató a un escritor, y el 13 de septiembre del mismo año publicó I, Libertine, en base a la trama de Shepherd.

Compra a un senegalés por lo que vale, véndelo por lo que dice que vale

En 1996, Graeme Souness, técnico del Southampton F.C. de la Premier League, recibió una llamada telefónica de George Weah, jugador del año de la FIFA de esa temporada. Le recomendó de un primo suyo, llamado Ali Dia, quien jugaba por el Paris Saint-Germain y quien había vestido trece veces la camiseta de la selección nacional de Senegal. Souness le dio contrato por un mes.

Dia entró a los 33' en un partido contra Leeds United el 23 de noviembre, en reemplazo de Matthew Le Tissier . En palabras de Tissier, "corrió alrededor del campo como Bambi sobre hielo. Era muy vergonzoso verlo jugar".

En realidad Dia no era primo de Weah y nunca había jugado por el Paris Saint-Germain ni por la selección de Senegal, sino solo por clubes de divisiones inferiores de Francia y Alemania. La llamada telefónica fue obra de un amigo de Dia.

¡Pero si compartimos el 98,7% del ADN!

En 1964, la galería Christinae de Gotemburgo exhibió las pinturas abstractas de un tal Pierre Brassau. Rolf Anderberg, crítico del periódico Göteborgs-Posten escribió:

Brassau pinta con poderosas pinceladas, pero también con una clara determinación. Sus pinceladas se retuercen con furioso fastidio. Pierre es un artista que interpreta con la delicadeza de un bailarín de ballet.

El supuesto Pierre Brassau era en realidad un chimpancé de cuatro años a quien el periodista Åke "Dacke" Axelsson había dado telas y pinceles.

“Las pistolas son para aficionados”

En enero de 2016, un hombre entró a una sucursal de Walmart en Virginia vestido con uniforme de cajero. Le dijo a un cajero que lo llamaban en la oficina, y se sentó en su lugar. Luego atendió al siguiente cliente en la fila, y una vez terminado ese trámite cerró la caja, se llevó el dinero, y salió caminando por la puerta del supermercado.

Sobre periodistas y conflictos de interés

Sebastián Abreu, delantero de la selección uruguaya de fútbol, de adolescente jugaba básquetbol. Como trabajaba para el diario de Lavalleja, se hizo una halagüeña nota a sí mismo, firmada sin mayor desparpajo por Sebastián Abreu, que lo sindicaba como la figura del partido

O Forrest Gump do Futebol Brasileiro

En 1986, con 23 años, Carlos Henrique Raposo firmó con Botafogo. Un cuarto de siglo años más tarde, dio una entrevista a Rede Globo y confirmó lo que muchos sospechaban: Raposo no sabía jugar al fútbol. Kaizer, como lo apodaban por su parecido a Beckenbauer, contaba entre sus amigos a Maurício de Oliveira, pieza fija del Botafogo en los ’80. Él, de un modo u otro, consiguió que lo ficharan.

Previo a los entrenamientos, por ejemplo, acordaba un golpe con secuaz, y partía al dentista, también coludido, quien ratificaba la lesión. En una ocasión, provocó una pelea con un hincha rival durante el calentamiento para ser expulsado de antemano. El Kaizer arguyó que había insultado a su entrenador, y éste renovó su contrato.

Cultivaba las relaciones con estrellas del fútbol y con los periodistas. Organizaba fiestas clandestinas durante las concentraciones, con lo que se ganaba la adoración de sus colegas. Del Botafogo pasó al Flamengo, y de ahí saltó al fútbol mexicano en el Puebla, a EE.UU y a Francia, en el Ajaccio.
Una vez que se destapó la verdad, en Brasil lo llamaron O Forrest Gump do Futebol Brasileiro.

“Bienaventuradas sean las barbudas, porque de ellas será la soltería eterna”

Durante la Edad Media, era tal el fervor con el que se defendía la virtud de la virginidad, que entre las veneradas estaban:

Santa Margarita de Antioquía. En la noche de su boda, no pudo soportar la idea de perder la virginidad y huyó a un monasterio, donde se hizo pasar por años como el Hermano Pelagio. Por su comportamiento ejemplar, fue nombrada/o capellán. Fue acusada/o de embarazar a una monja, pero antes que revelar su identidad huyó a una cueva.

Santa Librada o Santa Wilgefortis. Hija del rey de Portugal, se rehusó a casarse con el rey de Sicilia, y rogó a Dios que preservara su voto de virginidad. Dios la recompensó con el don de la barba, el bigote y abundante vello corporal, volviéndola repulsiva a su pretendiente. Se convirtió así en patrona de las mujeres mal casadas.

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