En septiembre de 1859, la Tierra recibió los efectos de una gran tormenta solar, el llamado Evento Carrington. Los telégrafos fallaron a lo largo del mundo. Varios operadores recibieron descargas eléctricas, y otros tantos seguían enviando y recibiendo mensajes a pesar de haber desenchufado las fuentes de poder. La aurora boreal se vio en latitudes tan cercanas al ecuador como Colombia. En las Montañas Rocosas fue tan brillante que mineros desprevenidos despertaron y comenzaron a preparar desayuno, y en latitudes en torno al 45° se podía leer el diario de noche.
Si un evento de este tipo ocurriese ahora, provocaría trastornos nivel coronavirus en nuestro equipamiento eléctrico. El 23 de julio de 2012, uno estuvo a nueve días de alcanzarnos (el Sol tiene un periodo de rotación de cerca de 25 días).