MUSICOS

Safety last!

Una fría noche de 1949, B. B. King tocaba en Arkansas. Infringiendo todas las normas de la legislación y del sentido común, los asistentes encendieron un barril a medio llenar con parafina. En la mitad del show, dos hombres se trenzaron a golpes, derribaron el barril y el edificio estalló en llamas. Tras evacuar, King cayó en la cuenta de que su amada guitarra Gibson de US$ 30 seguía adentro. Dos hombres murieron esa noche, pero el Rey del Blues recuperó su guitarra. En vista de que la pelea había sido acerca de una mujer llamada Lucille, llamó así a todas las guitarras que adquirió desde entonces. Un recordatorio de que nunca se debe hacer algo tan estúpido como correr al interior de un edificio ardiendo... o pelear por una mujer.

“Piense que es anestesia dental”

La primera vez que los miembros de The Beatles tomaron LSD fue en 1965, cuando un dentista lo añadió secretamente a su café.

En palabras de George Harrison:

Estoy seguro de que pensó que era un afrodisíaco. Recuerdo que su novia tenía unos pechos enormes y creo que pensó que iba a haber una gran orgía colectiva y que iba a lograr follarse a todo el mundo.

“Me temo que enfrento ciertas dificultades para autografiárselo”

En marzo de 1995, Tupac Shakur lanzó Me Against the World desde la prisión de máxima seguridad de Dannemora, donde cumplía pena por abuso sexual. Se convirtió así en el primer músico en conseguir un número uno del Billboard en un recinto penitenciario.

La canción de la lengua pastosa

La canción In-A-Gadda-Da-Vida de Iron Butterfly se llamaba originalmente In the garden of Eden. En un ensayo, el baterista Ron Bushy volvió a las 3 de la mañana de comprar pizza, y Doug Ingle estaba borracho. Ingle le tocó y cantó la canción en el teclado. Debido a su estado, le dijo que se llamaba algo así como "In-A-Gadda-Da-Vida". A Bushy le pareció un nombre pegador, y lo escribió tal como lo había escuchado.

Obediencia en el universo Charly

Charly García planeaba llamar Mi Amor a la sexta canción de su disco Piano bar. Sin embargo, ya había otra canción llamada así, y SADAIC, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores, impedía repeticiones.

Como protesta por lo que estimó una norma estúpida, la denominó No se va a llamar mi amor.

“¡Brujas me ordeñan!”

Mientras grababa Station to Station en 1975, David Bowie vivía energizado por dosis astronómicas de cocaína, subsistiendo en base a una dieta de pimentones y leche.

Vivía en Los Ángeles en una casa plagada de antigüedades egipcias, bajo la luz de velas negras, y tan drogado que creyó ver cuerpos caer frente a sus ventanas, recibir mensajes secretos de The Rolling Stones y angustiado porque su semen había sido robado por brujas.

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