CIENTIFICOS

Guasa nivel Nikola Tesla

En 1898, Nikola Tesla exhibió un pequeño bote motorizado en Madison Square Garden, Nueva York. Le explicó a la audiencia que era capaz de recibir instrucciones verbales. El público gritaba y, para su absoluto asombro, el bote seguía sus instrucciones.

En realidad, Tesla, quien acababa de inventar el radiocontrol, ejecutaba en secreto las instrucciones de los asistentes.

“Total, genes de homo sapiens sobran”

Durante el sitio de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial, un grupo de científicos del Instituto Vavilov acometieron la responsabilidad de cuidar el banco de semillas, por entonces el más importante del mundo. Aun cuando el sitio tardó 28 meses y la población no tenía qué comer, rehusaron tocar las toneladas de semillas comestibles que resguardaban. Para cuando la ciudad fue liberada, nueve de ellos habían muerto de inanición.

“Sheldon, mi amigo el genio de la física”

Sheldon Glashow y Steven Weinberg eran compañeros de curso de secundaria en una escuela del Bronx, de donde se graduaron en 1950. En 1979, ambos obtuvieron el Premio Nobel de Física, por llegar a la misma conclusión en forma independiente sobre la unificación de la fuerza débil y la interacción electromagnética entre partículas elementales.

“Yo puse la ciencia. Willard, bueno, las seis vidas extra”

En 1975, el físico teórico Jack H. Hetherington envió un estudio para su publicación en Physical Review Letters. Los editores le informaron que debía corregir la redacción, pues empleaba primera persona plural (nosotros) aun cuando él era el único autor. En lugar de ajustar la redacción, Hetherington añadió a su gato Chester como coautor. Para darle credibilidad, le añadió las iniciales F. D., en referencia al nombre científico de la especie, Felis domesticus. Como apellido, usó Willard, el nombre del gato que lo engendró. Así, el coautor quedó como F.D.C. Willard. El artículo, titulado Two-, Three-, and Four-Atom Exchange Effects in bcc ³He, fue publicado en noviembre de 1975. En 1980, F.D.C.

Willard publicó en segundo artículo científico, esta vez en la revista francesa La Recherche, titulado L'hélium 3 solide.

Formaban el grupo de estudio de los porros

Albert Einstein se graduó del Politécnico de Zúrich con la 2ª peor nota (4,9 de 1 a 6) de su clase de cinco alumnos. La única peor fue su futura esposa, Mileva Marić.

A la postre, fue el único alumno de su sección a quien no le ofrecieron empleo.

Y que las noticias vuelen

En 1825, un consagrado pintor llamado Samuel Morse se encontraba en Washington D.C. realizando un retrato del Marqués de La Fayette, el héroe francés de la guerra de independencia. Un mensajero llegó a todo galope para informarle que su mujer había caído enferma. El día siguiente recibió otra carta, esta vez de su padre, que anunciaba la repentina muerte de su esposa. Morse dejó el retrato inconcluso y viajó cuán rápido pudo hasta su hogar en Nueva Haven.

Demasiado tarde: el cuerpo yacía bajo varios palmos de tierra. Estaba abatido por los días que transcurrieron en la tranquilidad de Washington sin enterarse de la tragedia desatada en su hogar. Decidió entonces abocarse a la búsqueda de métodos más efectivos que caballos jadeantes para la comunicación entre largas distancias.

Fue el origen del telégrafo.

“Al menos siento química con los alumnos”

En 1769, el obispo Richard Watson fue nombrado profesor de química en la universidad de Cambridge. Declaró luego:

“No sabía absolutamente nada de química, nunca había leído una sílaba del tema, ni había visto ni un solo experimento en la materia”

La libertad de pensar es lo último que se pierde

En 1914, el científico británico James Chadwick -descubridor del neutrón, y Premio Nobel de Física de 1935- se encontraba en Alemania para estudiar con Hans Geiger. Para su desgracia, la Primera Guerra Mundial estalló y acabó pasando los siguientes 4 años como prisionero de guerra.

Tal era su vocación científica, que se las arregló para improvisar un laboratorio al interior del campo de prisioneros de Ruhleben. Construyó un electroscopio casero y logró que los guardias los suministraran con una pasta de dientes radioactiva que por entonces se vendía en Alemania, con lo cual llevó adelante sus experimentos.

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