CIENTIFICOS

Un verdadero amante de su disciplina

Antoni van Leeuwenhoek, el descubridor de los microorganismos, llevó a tal nivel su entusiasmo por la microscopía que en cierta ocasión examinó bajo el lente una explosión de pólvora. Casi queda ciego en el intento.

Al menos pudo financiar su féretro

Leonid Hurwicz recibió el Nobel de Economía en diciembre de 2007 por "haber sentado los fundamentos del Diseño de Mecanismos", lo que fue gatillado en 1945 con su publicación en la American Economic Review, 62 años antes. Estaba tan viejo cuando finalmente lo recibió que no pudo viajar a Estocolmo a la ceremonia.

Murió ¡era que no! sólo 6 meses después. Ha sido la persona de mayor edad en ganar un Premio Nobel, con 90 años.

Irónicamente, su coautor Ken Arrow fue el ganador más joven de la historia del Nobel en Economía, a los 51, 35 años antes que él, y su estudiante doctoral, Dan McFadden, obtuvo el Nobel el 2000, 7 años antes que él.

Ciencia desde la conserjería

En la década de 1860, prestigiosas publicaciones británicas comenzaron a recibir estudios sobre hidrostática, electricidad y otros temas científicos escritos por un tal James Croll, de la Universidad de Anderson en Glasgow (hoy Strathclyde). Uno de esos estudios, acerca de cómo variaciones en la órbita de la Tierra pudo precipitar las edades de hielo fue publicado en un número de 1864 de la Philosophical Magazine, y reconocido de inmediato por la comunidad científica como un trabajo del más alto estándar.

Poco después, se supo que Croll no era académico de la Universidad, sino un conserje ("janitor").

Croll lograba que su hermano hiciera la mayor parte de su trabajo, y pasaba muchas horas estudiando en forma independiente en la biblioteca de la Universidad.

Te amo… pero no tanto como el Salto Cuántico

El trabajo de Nils Bohr que describe el Salto Cuántico (“On the Constitutions of Atoms and Molecules” y que lo hizo merecedor del Nobel de Física en 1922) fue escrito en 1913 en un rapto de excitación tal, que hizo a Bohr posponer su luna de miel para escribirlo.

Sea flexible, amplíe su campo profesional

Cuando en el The New York Times decidieron entrevistar a Einstein para escribir una nota sobre la entonces novedosa Teoría de la Relatividad, enviaron a su corresponsal de golf, Henry Crouch.

Y en efecto, a nadie le importó

Tras la muerte de Antoine Lavoisier en 1794, padre de la química moderna, fue erigida en París una estatua en su honor. Tras algún tiempo, alguien hizo notar que la estatua no correspondía a Lavoisier. Interrogado, el escultor admitió que había usado la cabeza del matemático y filósofo Marquis de Condorcet (aparentemente, le sobraba una), suponiendo que nadie lo notaría o, de notarlo, nadie le daría importancia.

En efecto, pese al hallazgo la estatua permaneció en su lugar hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando fue fundida para reutilizar el material.

Catando la ciencia

Karl Scheele, el químico que descubrió un método para sintetizar fósforo a escala industrial, probaba con su boca todo aquello con que trabajaba. Ello incluía mercurio -que daña pulmones, cerebro y riñones- y cianuro de hidrógeno, un compuesto tan tóxico que 150 años más tarde Erwin Schrödinger lo eligió como la toxina por excelencia en su famoso experimento teórico hoy conocido como "El gato de Schrödinger".

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