Newton

Más freak que el promedio

El promedio simple (formalmente, la media aritmética) es un invento sorprendentemente nuevo. El primer registro es de 1668. Newton inventó el cálculo diferencial e integral (1666-67) antes de que se documentara el humilde promedio.

Para disfrazarse, le bastaba con sacarse la peluca

En 1696, Isaac Newton fue nombrado alcaide de la Casa de la Moneda, y más tarde director. Tarde en las noches, merodeaba por bares y tabernas de las zonas más sórdidas de Londres, reuniendo pruebas contra los falsificadores. Como era difícil probar este delito, pidió al Tesoro disfraces especiales para cumplir con el cometido. Se las arregló para ser nombrado juez de paz en 19 condados, un órgano jurisdiccional de bajo rango, con el objetivo de realizar en persona más de 100 interrogatorios de testigos y sospechosos. Se decía que eran diligencias de particular crudeza, algo que Newton debe haber aquilatado bien, pues ordenó que se destruyesen todos los registros. Así, este sabueso de las divisas logró procesar con éxito a 28 imputados. La falsificación se consideraba alta traición y se castigaba con la vieja costumbre de “ahorcado, arrastrado y descuartizado”.

“Yo calculo que nunca volveremos a ver algo así”

El cálculo fue primero descubierto por Isaac Newton y luego, en forma independiente, por Gottfried Wilhelm Leibniz (Leibniz lo publicó primero, y por eso hasta hoy se usa su notación).

Ambos padecían de cálculos. Newton en la vejiga y Leibniz en un riñón.

Que ambos asuntos reciban el mismo nombre no es coincidencia. Cálculo viene del latín calculus, piedrecilla, usadas como cuentas para enseñar matemáticas.

Un problema elemental de física newtoniana

En el periodo en que Isaac Newton trabajaba en la teoría de gravedad, su pequeño perro, Diamond, fue alertado ante un golpe en la puerta. Al correr hacia ella, chocó con una de las patas de la mesa en la que Newton trabajaba a la luz de las velas. Una vela cayó y quemó los manuscritos. Así, un año entero de vida intelectual y de investigación, de una de las más grandes mentes científicas de su era, se perdió debido a la acción de un perro.

A hombros de gigantes… si aguantan

La célebre frase “a hombros de gigantes” se utiliza en ciencia para expresar que el conocimiento se basa en los adelantos de los autores precedentes. Por ejemplo, en Google Scholar.

Esta expresión fue popularizada por Isaac Newton. Menos conocido es que la utilizó en su correspondencia con un sentido más bien irónico. Newton se refería a Robert Hooke, quien era jorobado y bastante maltrecho.

“Quizás no pueda comer, pero aprenderá montones sobre las anguilas”

Edmund Halley (quien le da el nombre al cometa) presionó a la Royal Society para publicar el Principia Mathematica de Isaac Newton, hoy reconocido como el libro más importante de la historia de la ciencia.

La Royal Society accedió, siempre que él lo financiara. Halley no era rico ni mucho menos, pero aun así aceptó. El libro fue un éxito a nivel científico, pero las finanzas de la Royal Society empeoraron aún más, y comenzaron a pagar el sueldo de Halley bajo la forma de copias no vendidas de Historia de los Peces.

Weapon salve…se quien pueda

A fines del siglo XVIII, la Royal Society, era el epicentro de la actividad científica. De ella participaban eminencias como Isaac Newton, Robert Boyle (el descubridor de la ley del gas ideal) y Edmund Halley.

Uno de sus miembros, Sir Kenelm Digby, adquirió renombre por la formulación de una poción con fines curativos llamada weapon salve, con la cual declaraba haber curado a un herido en un duelo que los cirujanos reales habían dado por muerto. La sustancia incluía ingredientes tales como “musgo de la calavera de un hombre sin enterrar”. Lo más freak, sin embargo, era el método de utilización: el weapon salve debía ser aplicado a la espada que había infligido la herida, no a la herida, incluso kilómetros de distancia separaban a ambos.

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