Grecia

La genuina casta de esclavos

Esclavo (hacia S. XV) deriva de griego bizantino sklavinós, y este de sloveninu, nombre con que la familia de pueblos eslavos se denominaba a sí mismos, y que fue víctima de trata de esclavos en el oriente medieval.

Platón, mero cabeza de músculo

De acuerdo con Diógenes Laercio, Platón era luchador, y compitió en los Juegos Ístmicos. De hecho, Platón es sólo un sobrenombre de Aristocles Podros y significa "de hombros anchos", por su gruesa contextura.

Selección no natural

De acuerdo con el historiador clásico Plutarco, los espartanos abandonaban a la intemperie a los bebés que no se veían lo suficientemente sanos o fuertes.

“Embarazado” no es un oxímoron después de todo

De acuerdo con la mitología griega, el dios Hermes y Afrodita engendraron a Hermafrodito (de "Hermes" y "Afrodita"). Éste era un mancebo experto como su padre y tan hermoso como su madre, pero insensible a la llamada del amor, por lo que despreció la llamada de la náyade Salmacis cuando, prendada de él, se le ofreció.

Ante tal desprecio, Salmacis consiguió que los dioses uniesen su cuerpo al de Hermafrodito de tal forma que sólo formasen uno conservando los dos sexos. Es el origen de la palabra hermafrodita.

Decibelocracia

Los miembros de la Gerusía, el equivalente del senado en Esparta, eran elegidos a gritos. Los candidatos desfilaban y los ciudadanos gritaban según su preferencia. El volumen lo ponderaba un jurado confinado en un inmueble sin ventanas, de manera que no pudieran ver. Aristóteles llamó infantil al sistema.

Para los asiáticos, todo pasado fue mejor

En la Grecia antigua, los penes pequeños y firmes eran admirados, mientras que los grandes eran considerados poco estéticos, burdos y grotescos. Aristóteles consideraba a los penes grandes menos fértiles, porque "la semilla" tenía un tramo más largo que viajar, y con ello más distancia para enfriarse y perder su vitalidad. Los penes grandes eran considerados "para las esferas de la abstracción, la caricatura, la sátira y los bárbaros".

“Solo Aristóteles podría soportar algo así”

Cuando el científico de la expedición del Capitán Scott, George Levick, observó el comportamiento sexual del pingüino adelaida (Pygoscelis adeliae) le pareció tan depravado –homosexualismo y necrofilia, incluso con hembras muertas el año anterior, por ejemplo– que decidió escribirlo en griego para no ofender a sus lectores.

De un desparpajo olímpico

En los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en Atenas 1896 el chileno, Luis Subercaseaux asistió como público. Durante los preparativos, sin embargo, observó que los estadounidenses hacían un precalentamiento muy exigente. Pensó que llegarían muy cansados a la competencia. Tomó sus zapatillas, mostró su pasaporte y se apuntó para correr en los 100, 400 y 800 metros planos. Como no llegó en los primeros dos lugares, no hay registros de su participación.

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