En la década de 1920 algunos médicos prescribían acrobacias aéreas para curar la sordera. Los desprevenidos pacientes eran de improviso aterrorizados con vueltas de barril y otras maromas ejecutadas por pilotos cesantes tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Como explicaba el médico Charles H. McEnerney, del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos:
Cuando el paciente siente que lo llevan hasta 12.000 o 14.000 pies o más y luego, de repente, la máquina se zambulle o hace un bucle, es probable que el que sufre de histeria olvide sus otros problemas (….) Elegí el avión para mi trabajo porque era el medio más conveniente a mano. Se podría haber logrado lo mismo atando al paciente a la vía del tren.
Charles Lindbergh era uno de quienes los ofrecía, y el servicio incluso era mencionado en su tarjeta de presentación