El 27 de noviembre de 1862, un comerciante londinense llamado John Cassell publicó el siguiente aviso en The Times:
The Patent Cazeline Oil, safe, economical, and brilliant … possesses all the requisites which have so long been desired as a means of powerful artificial light.
Casell pronto vendía su derivado del petróleo a lo largo de las islas británicas. Pasado algunos años, sin embargo, las ventas en Irlanda comenzaron a caer. Casell descubrió que un dublinés llamado Samuel Boyd vendía una versión falsificada. El londinense le escribió solicitando que detuviera sus operaciones ilegales. Boyd nunca respondió, y en lugar de eso intervino su inventario, añadiendo una simple línea a la "C" de Cazeline, para volverlo Gazeline.
Así nació la palabra gasolina.