AVIACION

“¿Qué te pondrás hoy?” “Estoy entre el 747 y el Jumbo 777”

Una primavera previa a su primer vuelo, los hermanos Wright regresaron a Kitty Hawk a probar un promisorio modelo de avión en el que habían trabajado la temporada anterior. Para su estupor, el aparato había sido inutilizado por una funcionaria del correo local, quien arrancó el satín francés que se empleaba de revestimiento en las alas, a objeto de confeccionar vestidos a sus hijas.

“Quizás muera calcinado, pero sin ansiedad”

El dirigible alemán Hindenburg fue diseñado para volar con helio, más pesado que el hidrógeno pero no inflamable. Sin embargo, en 1927 Estados Unidos prohibió la exportación de helio, lo que limitó de forma muy severa la oferta. Ante la imposibilidad de otra opción, los ingenieros decidieron arriesgarse y emplear hidrógeno, pese a su naturaleza extremadamente inflamable.

Pese a los 200.000 m3 de hidrógeno, el Hindenburg tenía una sala de fumadores.

Nunca se sabe que esperar de un logaritmo

En mayo de 2016, un vuelo de American Airlines se atrasó porque una pasajera alertó a la tripulación que su vecino de asiento podría constituir un riesgo terrorista. Se siguieron los protocolos de seguridad, y finalmente se descubrió que los "riesgos" eran en realidad hojas con ecuaciones, y que el tipo era un italiano llamado Guido Menzio, profesor de la Universidad de Pennsylvania, quien aprovechaba el vuelo para avanzar en su trabajo como economista.

Irresponsabilidad social empresarial

Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, cientos de pilotos quedaron desempleados. Con poca demanda por sus destrezas en el mercado laboral, muchos se dedicaron a las acrobacias aéreas. Aprovechando esta situación con una irresponsabilidad asombrosa, la tienda Galerías Lafayette ofreció un premio de 25.000 francos a quien pudiera aterrizar en su techo. Se trataba de una superficie de solo 27 metros de largo. No solo eso, terminaba en una balaustrada de 90 centímetros de alto. Un veterano de la guerra llamado Jules Védrines lo intentó de todas formas, apostando hombres en el lugar para que agarraran las alas al momento del aterrizaje.

El avión se estrelló contra la caja de ascensores, haciéndose pedazos. Védrines, increíblemente, salió ileso.

“Es que no hay como la cocina casera”

En 1926, René Fonck trató de cruzar el Atlántico, desde Nueva York a París, en un solo vuelo ininterrumpido, una hazaña que nunca antes se había realizado. Nadie estaba seguro si acaso la tecnología de la época era o no capaz de proveer motores que pudiesen elevar el peso del combustible requerido. Cada gramo debía ser cuidadosamente escogido. Sin embargo, Fonck empacó combustible extra, un copioso equipo de emergencia, dos tipos de radios, ropa de recambio, regalos para amigos y colaboradores, abundante comida, vino, champán, y una cena de tortuga, pavo y pato para preparar una vez que aterrizara, como si París no ofreciera suficiente oferta gastronómica.

El avión no fue capaz de despegar. Una vez que se le acabó la pista se estrelló a toda velocidad, y los 2.850 galones de combustible de aviación estallaron en una gigantesca bola de fuego. Dos de los cuatro miembros de la tripulación murieron incinerados.

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