FUTBOL

Una fantasía asimétrica

De niño, los médicos conminaron a Garrincha a buscar alternativas al fútbol. Ni en sueños podría convertirse en deportista profesional “este pobre resto del hambre y de la poliomielitis” como escribió Eduardo Galeano. Con la columna vertebral torcida y sus piernas curvadas, una seis centímetros más corta que la otra, se volvió uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

El mejor tractor del mediocampo

Como la dictadura franquista impuso obstáculos a los pagos de las empresas españolas a instituciones extranjeras, cuando el Barcelona desembolsó un millón de dólares por Johan Cruyff, entonces récord histórico, lo registraron como una pieza de maquinaria agrícola.

La política, a veces, puede ser esferoidal

Tal era la popularidad de Alfredo Di Stéfano que, de gira con el Real Madrid por Venezuela en 1963, fue secuestrado por guerrilleros con el solo fin de llamar la atención sobre las condiciones políticas. Funcionó.

Un asado con brasas que no se apagan

El arquero Moacir Barbosa fue sindicado como el responsable del segundo gol que le costó la derrota a Brasil ante Uruguay en la final del Mundial de 1950, el famoso maracanazo. Fue uno de los mejores porteros del mundo en las décadas de los cuarenta y cincuenta, famoso porque prefería sentir la pelota con sus manos desnudas que la amortiguación de los guantes. En ese mismo Mundial fue votado por los periodistas como el mejor golero de todos. Pero no había en el mundo montaña de laureles capaz de compensar ese único magno error. Trece años después, le regalaron los postes del arco. Barbosa invitó a sus vecinos a casa, a disfrutar de un asado expiatorio cocinado con la madera de sus penurias. Pero la culpa nunca lo dejó. Reveló después que el momento más triste de su vida no fue el derechazo de Gigghia, sino un comentario que alcanzó a oír en un mercado de Río dos décadas más tarde. “Míralo, hijo”, dijo una mujer apuntándolo, “ese es el hombre que hizo llorar a todo Brasil”. La condena transferida de padre a hijo, reflexionó Barbosa, “nunca seré libre”. Durante las clasificatorias para Estados Unidos 1994 fue a alentar a los jugadores a la concentración, pero el supersticioso Mario Lobo Zagallo le prohibió la entrada. Ricardo Teixeira, entonces presidente de la federación brasileña, le impidió comentar los partidos de la selección. Para entonces, vivía de allegado en casa de una cuñada, raspando las migajas de su jubilación.

Medio siglo después de los hechos, Barbosa emitió su declaración más famosa: “en mi país la máxima pena para un crimen son 30 años, yo llevó 50 años y aún mi pena no está saldada con el pueblo brasileño”. Murió dos semanas más tarde, jamás olvidado y jamás perdonado.

Cuando los cefalópodos meten sus tentáculos en el deporte rey

El pulpo Paul presagió con éxito los ocho partidos en los que fue consultado del Mundial de 2010. Considerando que el 26,2% de los partidos de fútbol acaba en empate, en primera ronda el mero azar indicaba un 36,9% de chances de acierto en cada partido. En los cinco partidos siguientes, sin paridad posible, las chances subían al 50%. Así, las probabilidades de acertar las ocho ocasiones recurriendo al azar son de una en 637.

Sobrevino una demencia colectiva en torno a este ilustre representante de los Octopus vulgaris. La candidatura de Inglaterra para albergar el torneo en 2018 nombró a Paul “embajador oficial”. En India, explotó la demanda por pulpos como mascota. En China, donde el bicho alcanzó estatus de ídolo pop, filmaron una película titulada Matar al pulpo Paul. En ella, los partidos de Sudáfrica eran parte de un ardid para beneficiar a ciertas casas de apuestas alemanas, que extorsionaban y violentaban a quien fuese necesario para la consecución de sus objetivos. Taobao, el mayor minorista electrónico de China, constató la explosión de venta de productos con motivos de pulpos, como manteles, cojines y cortinas. En el mercado de Dongdong Kebab, en Beijing, los clientes ordenaron pulpo como nunca antes, al punto que el precio subió más de un 60%.

El secreto está, entonces, en enterrar tréboles

En 1967 Racing, jugaba la final de la Copa Interamericana contra el Celtic en Montevideo. Su ausencia en Buenos Aires fue aprovechada por sus enconados rivales de Independiente para enterrar siete gatos negros bajo su césped, con el propósito de traerles mala suerte.

Racing ganó la Intercontinental, pero una vez de vuelta en Argentina no pudo volver a ganar el título local por 34 años. Increíblemente, en 2001, el mismo año que los esqueletos de los mininos fueron exhumados y destruidos durante la reconstrucción del estadio.

Hincha… de balones

La palabra "hincha", utilizada en Latinoamérica para referirse a quienes alientan a sus equipos deportivos, proviene del talabartero uruguayo Prudencio Miguel Reyes. Él inflaba ("hinchaba") los balones para el Club Nacional de Football, y alentaba con particular entusiasmo a su equipo. Así se comenzó a asociar "al hincha" con un fanático entusiasta.

Barras bravas “unabridged”

En los cuartos de la Liga de Campeones 2012 de la Federación Asiática de Fútbol entre el Sepahan FC de Irán y al-Ahli SC de Arabia Saudita, el jugador Adel Kolahkaj tomó lo que parecía ser un bulto molesto en el campo de juego y lo arrojó despreocupadamente al costado. Resultó ser una granada, cuya detonación un segundo después mandó al árbitro y a sus guardalíneas a correr despavoridos.

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