Vagner Cuchi-cuchi, pudo ser
El futbolista Vágner Silva de Souza pasó a ser Vagner Love cuando en 2003 fue sorprendido con una joven en plena concentración del Palmeiras y se hizo fama de latin lover. Luego, hasta llevaba el nombre en la camiseta.
El futbolista Vágner Silva de Souza pasó a ser Vagner Love cuando en 2003 fue sorprendido con una joven en plena concentración del Palmeiras y se hizo fama de latin lover. Luego, hasta llevaba el nombre en la camiseta.
En 1970, Chic Brodie, portero del Brentford, se lesionó los ligamentos y tuvo que abandonar el fútbol para siempre. ¿El motivo de la lesión? Un perro lo golpeó en la rodilla en pleno partido contra el Colchester.
“El perro puede haber sido pequeño”, dijo Brodie, “pero simplemente ocurrió que era sólido”.
En "El rey Lear" (1605), de William Shakespeare, el conde de Kent profiere el siguiente insulto:
“¡Mero jugador de fútbol!”.
Rosenery Mello do Nascimento, la mujer que lanzó la famosa bengala en aquel partido Brasil - Chile de 1989 para las clasificaciones de Italia 1990 que terminó con el arquero Roberto "Cóndor" Rojas fingiendo una lesión, adquirió fama súbita. Tanto, que dos meses después del incidente, cosechó en su celebridad posando para la portada de Playboy, bajo el titular A nudez e a graça de fogueteira do Maracanã.
En el Mundial de Inglaterra de 1966, Uruguay debía medirse con Francia en el estadio de Wembley. El match, no obstante, caía día viernes, por lo que tuvo que ser trasladado al White City Stadium, el recinto edificado para los Olímpicos de 1908. Los viernes, ya se sabía, eran los días de las carreras de galgos en Wembley, y el dueño del estadio no iba a cancelar un grácil espectáculo canino por algo tan insignificante como un campeonato mundial de fútbol.
En un partido del fútbol inglés previo a la temporada 2003-04, Portsmouth jugaba contra el Havant and Waterlooville cuando anunciaron por los altoparlantes que un auto mal estacionado afuera del estadio sería removido con una grúa si su dueño no lo relocalizaba. Los tres mil asistentes estallaron en risas cuando vieron correr fuera del estadio a Harry Redknapp, técnico del Portsmouth.
Relata Eduardo Galeano respecto al tricampeonato del Flamengo de los '50:
El padre Góes garantizó la victoria a cambio de que los jugadores asistieran a su misa, antes de cada partido, y rezaran el rosario de rodillas ante el altar.
Así, Flamengo conquistó la copa tres años seguidos [1953, 1954, 1955]. Los clubes rivales protestaron ante el cardenal Jaime Cámara: el Flamengo estaba usando armas prohibidas. El padre Góes se defendió alegando que él no hacía más que alumbrar el camino del Señor, y continuó rezando a los jugadores su rosario de cuentas rojas y negras, que son los colores de Flamengo y de una divinidad africana que al mismo tiempo encarna a Jesús y a Satanás. Pero al cuarto año, el Flamengo perdió el campeonato. Los jugadores dejaron de ir a misa y nunca más rezaron el rosario. El padre Góes pidió ayuda al papa de Roma, que no le contestó.
Pese a los ocasionales mediáticos suicidios provocadas por derrotas futbolísticas, son muchísimos más los suicidios que el fútbol silenciosamente evita. Los campeonatos despiertan un sentimiento de unidad nacional, de causa compartida, de sentido de pertenencia. Kuper y Szymanski estimaron para un conjunto de doce países de Europa occidental que, a lo largo de un año, estos eventos estadísticamente previenen la inmolación de unas 682 personas.