Es que no traían etiqueta de “consumir preferentemente antes de”
En agosto de 2013 Mikhail Chelyshev, profesor de derecho de Laishevo, Rusia, bajó al sótano de su casa y se desmayó por los gases tóxicos producidos por las patatas podridas almacenadas allí. Su esposa Anastasia bajó al sótano a ver qué ocurría con su marido y sucumbió también. Luego bajó Georgy, el hijo mayor y le ocurrió lo mismo. A continuación Iraida, la madre de Anastasia, llamó a un vecino para pedir ayuda, pero bajó ella misma antes de que llegara y padeció el mismo sino. En definitiva los cuatro murieron y Maria, la hija de 8 años, quedó huérfana en minutos.
