El atletismo femenino se introdujo recién en los novenos Juegos Olímpicos en 1928. No hubo competencias de fondo, que se juzgaban inadecuadas para mujeres, y solo una de medio fondo: los 800 metros. Medios de prensa cinco publicaron que cinco corredoras abandonaron antes de la meta, cinco más se desplomaron en la cinta de llegada y otra se desmayó en el vestuario. Los periodistas retrataban un espectáculo siniestro de atletas que caían de cabeza al suelo, de las formas postradas y angustiadas. The New York Times argumentó que la pobre forma física era razón suficiente para prohibir la participación femenina.
Chicago Tribune, 3 de agosto de 1928.
Lo cierto es que hubo nueve participantes, las nueve llegaron a la meta y varias batieron el récord mundial. Ninguna se desplomó sin control
Aun así, el sensacionalismo fabricado por la prensa llevó a a la IAAF a retirar esta carrera de la parrilla femenina. Recién volvió en 1960. Los 1500 metros femeninos tuvieron que esperar a 1972 y la maratón a 1984, todas pruebas que los varones corrían desde los primeros juegos olímpicos en 1896.