Mes: Septiembre 2019

“Déjame, so pedazo de Plaza Italia”

Durante un descanso en la Guerra del Pacífico, un soldado chileno dormía cuando sus compañeros ataron su oreja a una silla, con tan mala suerte que el mismísimo general Manuel Baquedano la cogió para sentarse. Aún medio dormido y presa de la confusión más absoluta, la víctima le vociferaba a la máxima autoridad militar “suéltame, ¡animal!”.

“La clave es no salir demasiado flaco en el billete”

Durante la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico, poco antes de batalla de Tacna, las dificultades para desembarcar generaron escasez de alimentos entre las tropas chilenas. Ignacio Carrera Pinto formó un consejo de guerra contra la cabra, acusada por el hambre de martirizadora de los estómagos. Él mismo personificó al hambre y enunció un monumental discurso acusador, verdadera apoteosis del carnivorismo. El defensor entregó también un brillante alegato, pero fue insuficiente. En vista de los antecedentes, el tribunal allí constituido deliberó y sentenció la pérfida muerte del inocente.

Bien pudo llamarse “chancho en misa”

Durante la campaña marítima de la Guerra del Pacífico, el periodista limeño Antonio Cucalón se embarcó en el Huáscar para saciar su sed de aventuras. Mientras el monitor huía del Blanco Encalada sobre mar gruesa, cayó al agua. Imposible salvarlo. Fue por él que las tropas comenzaron a hablar de “cucalones” para referirse a los civiles entrometidos en asuntos militares. Por eso hasta hoy llamamos cucalones a los amplios sombreros con viseras que varios de ellos vestían. Años después, Themo Lobos llamó Cucalón a su revista porque ese sombrero evocaba safaris y aventuras.

No queremos modernizarnos tan rápido

Entre quienes postularon en 1882 al monumento a Arturo Prat y los héroes de Iquique en la Plaza Sotomayor de Valparaíso estuvo Auguste Rodin, “el padre de la escultura moderna”. Demasiado moderna para las autoridades, por lo visto, pues descartaron La Défense, su audaz propuesta por, entre otros motivos, contener un soldado desnudo.

Un ensayo demasiado general

Preparando las tropas para la Guerra del Pacífico, un simulacro en San Bernardo desembocó en una batalla campal entre dos batallones que dejó un muerto y varios heridos.

Haciendo la guerra en las trincheras, en las calles, en las camas…

Durante la Guerra del Pacífico, una chilena llamada Petrona, “fea, mui fea, archifea, requetefea, como no se cuentan dos en el globo terráqueo” de acuerdo con un cronista de le época, contrajo matrimonio con un peruano. Un pariente le cuestionó su osadía de dormir con el enemigo. “Soi tan fea”, le respondió, “que me he casado con el peruano que tú sabes, tan solo por hacerle la guerra al Perú”.

Un cuico de carne y hueso, con mar

Tras el estallido de la Guerra del Pacífico, el teatro Chalet del cerro Santa Lucía organizó una función que anunciaba, como parte de la parrilla, la exhibición de un boliviano. O un cuico, como se les decía entonces: "Los que deseen conocer un cuico de carne i hueso, no tienen más que asomarse al lindo peñón". Era un minero que ignoraba los motivos de la coyuntura, pero reforzaba el morbo y la curiosidad en torno a los estereotipos del nuevo enemigo.

“¡Ramos de rosas, desenvainar!”

Durante el gobierno de José Joaquín Pérez hubo una asonada popular frente a La Moneda. De acuerdo con el Diccionario histórico biográfico y bibliográfico de Chile:

La mayoría estaba compuesta de mujeres del pueblo. Se le recomendó sofocarla por la fuerza. Prefirió la galantería. Disfrazó a varios agentes y les encargó cortejar a las improvisadas demagogas. En unas cuantas horas se disolvió el tumulto mujeril. El galanterío las había vencido.

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