Mes: Junio 2014

El teólogo Newton (y científico en su tiempo libre)

De las cerca de diez millones de palabras que Isaac Newton escribió a lo largo de su vida, solo del orden de tres millones tratan de lo que hoy consideramos ciencia, mientras que un millón versan sobre alquimia y cinco millones sobre teología.

El broche de plástico

Cuando Gorbachov se dispuso a firmar la disolución oficial de la Unión Soviética, un punto que simbólicamente marcó el triunfo del modelo de la economía libre por sobre el comunista, su bolígrafo soviético no funcionó. Tuvo que recurrir a uno occidental de un camarógrafo de CNN

“Te penetraré con mi vagina invertida”

Hasta el Renacimiento, la medicina empleaba la anatomía de Galeno, aun cuando ésta había sido elaborada disecando principalmente macacos, pues el Imperio Romano no permitía el uso de cadáveres humanos.

Así, se creía que nuestra estructura ósea craneal era como la de los perros, que la sangre venosa se producía en el hígado, o que los genitales masculinos y femeninos en el fondo eran los mismos pero invertidos. Decía Galeno:

Dobla hacia afuera los de la mujer, dobla hacia adentro, a modo de decir, y dobla en dos los del hombre, y encontrarás los mismo en ambos en cada aspecto.

¿No ha pensado dedicarse a los crucigramas en lugar de a la astrofísica?

En 1610, Johannes Kepler recibió un misterioso anagrama de Galileo, quien buscaba demostrar su primacía en un descubrimiento, pero sin publicarlo aún: smaismrmilmepoetaleumibunenugttauiras.

Con infinita paciencia, reordenó las letras y llegó a lo que él llamó un verso barbárico en latín: Salve umbistineum geminatum Martia proles, o “Salve, ardientes gemelos hijos de Marte”. Es decir, Marte tenía dos lunas. En realidad, el mensaje era Altissimum planetam tergeminum observavi, un modo de informar con discreción que Saturno era en realidad tres planetas, su interpretación errada del anillo. No fue sino hasta 1877 que se pudo comprobar que Marte tenía lunas. En efecto, dos.

Luego recibió otro texto enigmático en latín. Al reordenarlo llegó a varias opciones, entre ellas Macula rufa in jove est gyratur mathem, latín para “Hay una mancha roja en Júpiter que rota matemáticamente”. Galileo quería indicar que había descubierto las fases de Venus. Mucho después se descubrió que, en efecto, Júpiter cuenta una conspicua mancha roja.

“No exagere, sólo debe enfrentar a la flota más poderosa del mundo”

En la célebre batalla en la que Inglaterra derrotó a los 130 navíos de la Armada Española en 1588, algunos interpretaron el triunfo como una señal divina de la invulnerabilidad de una Inglaterra regida por una virgen.

La realidad es otra. El comandante español, el Séptimo Duque de Medina Sidonia, había sido designado en el cargo 6 meses antes, y carecía por completo de experiencia militar. Había intentado disuadir al rey de su nombramiento y escribía que, además de no entender nada de mar ni de guerra: "

No me hallo con salud para embarcarme porque tengo experiencia de lo poco que he andado en la mar y me mareo, porque tengo muchas reumas".

“Haré un macramé especialmente sanguinario”

En el siglo 17, nacieron los kafes, lujosas salas de confinamiento en el Palacio de Topkapi –en la práctica, arresto domiciliario- donde a los futuros sultanes del Imperio Otomano se les permitía solazarse con el harem y un conjunto muy reducido de otras ocupaciones, la principal de las cuales era el macramé. Difícilmente la mejor preparación que puede tener una persona destinada a gobernar uno de los imperios más grandes de todos los tiempos.

Corre por tu vida… literalmente

Cuando el sultán otomano citaba al Topkapi a un visir en falta, se les daba a beber un sorbete. Si era blanco, el visir suspiraba de alivio. Pero si era rojo, debía correr cerca de 300 metros con toda la velocidad que le fuera posible hasta el lugar de ejecución. En caso de que el verdugo llegase primero, era ejecutado en el acto y sus restos mortales arrojados al mar. Pero si ganaba la carrera, se le conmutaba la pena por el destierro.

Selim I ejecutó a 7 de sus visires, originando con ello una de popular maldición: “¡Que te vuelvas visir de Selim!”

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