Cuando los astros de las artes se alinean

Cuando a Anthony Hopkins le fue asignado un rol en “La chica de Petrovka”, recorrió Londres en busca de la novela. Fue infructuoso. De regreso a casa, creyó alucinar al ver una copia abandonada en una estación de metro. Se la apropió. Años después, Hopkins conoció al autor en Viena, y le contó del incidente. Era una copia temprana, repleta de anotaciones, que el novelista había prestado a un amigo impaciente, “lo que para mí le daba a la copia casi tanto valor sentimental como práctico”.

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Cuando a Anthony Hopkins le fue asignado un rol en La chica de Petrovka, recorrió Londres en busca de la novela. Fue infructuoso. De regreso a casa, creyó alucinar al ver una copia abandonada en una estación de metro. Se la apropió. Años después, Hopkins conoció al autor en Viena, y le contó del incidente. Era una copia temprana, repleta de anotaciones, que el novelista había prestado a un amigo impaciente, “lo que para mí le daba a la copia casi tanto valor sentimental como práctico”.

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