La descripción de Carl Linnaeus sobre la reproducción sexuada de las plantas muy particularmente controversial. No obstante plagarla de alegorías maritales, tales como la representación de los pétalos de las flores como “el lecho nupcial de la novia”, no era grato rebajar a este lóbrego plano a la botánica, hasta entonces una aséptica actividad apta para delicadas damas de buena familia. Incluso nombró Clitoria a un género de plantas tropicales por su semejanza con ya imaginan qué.
El naturalista inglés William Goodenough reprochó sus “nombres repugnantes, su desenfreno nomenclatural, vulgar lascivia y la brutal lujuria de su mente”. El botánico alemán Johann Siegesbeck calificó esto de andar catalogando las partes pudendas de la inocente flora como “aborrecible prostitución”. La venganza de Linnaeus fue nombrar a una despreciable maleza europea como Siegesbeckia orientalis