Para poner los cuernos y comer pescado…
Pedro I de Rusia (1672 - 1725) torturó a su hijo por sospechas de complot, y no tuvo reparos en dejarlo morir en prisión a causa de las lesiones. También hizo ejecutar al amante de su esposa Catalina y dispuso su cabeza en una jarra en las habitaciones de la propia Catalina.
