En los ’60, rondaba en la cabeza de Federico Fellini una vaga idea de su próxima trama. Durante el trabajo de pre-producción, la olvidó por completo. Planeaba abandonar el proyecto, hasta que asistió al 60° cumpleaños de Bocio, un camarógrafo de Cinecittà.
Tomé una copa, le deseé un feliz cumpleaños, y Bocio dijo ‘esta película será espléndida’. Me sentí un traidor, un capitán abandonando a su tripulación. Le agradecí a Bocio y en vez de volver a mi carta [de renuncia] me senté en un banco y pensé, ‘soy un director que no recuerda lo que quería hacer’, y en ese momento la película estaba hecha: ‘eso es lo que haré. La historia de un director que no recuerda su propia película’.
Fellini instaló una nota debajo del visor de la cámara que rezaba: “Recuerda, esto es una comedia”, y se lanzó a filmar. El resultado fue “8½”, así llamada por sus seis películas y dos cortometrajes precedentes (6+2 x ½ =7), más el film colectivo (½). Le valió el tercero de sus cuatro Oscar a Mejor Película Extranjera.