Era habitual en la Edad Media utilizar compuestos en base a plomo para obtener piel suave y pálida. Conocidos ya los efectos letales del plomo en el cuerpo tras su absorción por la piel, la “solución” era usar máscaras de espárragos y leche de cabra. Por supuesto, las mujeres morían de todos modos.
En la Inglaterra Isabelina, el plomo se mezclaba con vinagre y formaba una sustancia llamada ceruse veneciano. Como la ingesta de plomo además hacía caer el pelo, a esta época corresponde la moda de frentes muy extendidas sobre la línea de la cabellera. La propia Isabel I utilizaba ceruse veneciano.