Tiro al blanco… y al claroscuro

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En 1796, los ejércitos napoleónicos transformaron el refectorio del convento milanés de Santa Maria delle Grazie en un establo. En una de sus murallas se ubicaba La última cena de Leonardo da Vinci. Los soldados se entretenían lanzándole ladrillos y usando las cabezas de los apóstoles como blancos para sus pistolas.

Años después, tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, solo la pared que contenía la obra quedó en pie.

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Del vertedero al Louvre hay un suspiro

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