“Cabros, hoy pueden dejar el bombo en casa”
En 2011, Christopher Jácome, aficionado del Cúcuta Deportivo, fue asesinado a tiros mientras peloteaba en un parque. Excompañeros de barra irrumpieron en el velorio, tomaron a la fuerza el féretro y se dirigieron a donde, pensaban, Christopher más hubiese querido: el estadio General Santander, donde el Cúcuta enfrentaba al Envigado. Vulneraron las barreras de seguridad y ahí, en medio de la hinchada, zamarrearon el ataúd al son de los cánticos de gol.
