De acuerdo con el historiador Belarmino Torres, una noche el presidente Pedro Montt parrandeaba donde Filomena Cortés y sus cuatro hijas solteras, que cantaban y tocaban arpa y guitarra como Dios manda. A eso de la una de la madrugada se largó a llover y Montt anunció que se marchaba. Pidió su revólver Colt que había dado a guardar. Los parroquianos ni querían que su excelencia se marchara ni recordaban el paradero del arma. No quedaba vino, pero alguien descubrió una jarra con café con leche y aguardiente. Le añadieron azúcar y lo llamaron Colt de Montt, que en breve derivó a cola de mono, o colemono por las tendencias sintetizadoras de nuestro indomable castellano.