Marlon Brando hizo su entrada al cine con Los hombres, interpretando a un veterano de guerra paralítico. A modo de preparación, se internó en un hospital del Ejército.
Durante tres semanas, traté de hacer todo lo que los pacientes hacían y aprender cómo eran sus vidas (…). Un día fuimos a comer a un restaurante italiano en Ventura Boulevard, todos nosotros en sillas de ruedas.
En eso, una mujer se les aproximó, y les aseguró que debían tener fe en Dios, pues así podrían sanar.
Dije “¡Creo! ¡Creo! Siento que El Señor se ha hecho presente en este lugar y dentro de mi cuerpo. ¡El Señor está en mi cuerpo! Lo siento”. Me puse de pie y comencé a bailar tap. Luego corrí alrededor del restaurante y salí disparado por la puerta gritando ¡Aleluya!