Un día cualquiera en Hollywood
En 2006, Werner Herzog vio un auto volcarse cerca de su casa. Se acercó y golpeteó la ventana del conductor. “Solo tranquilízate”, le dijo. “Estoy bien. Estoy tranquilo”, le respondió el hombre. “No, no lo estás”, retrucó Herzog, y le impidió encender un cigarro. Una fuga de gasolina penetraba la cabina. Ese hombre era Joaquin Phoenix.
