“Y si no resulta, igual puede agarrar al oso a trombonazos”
En sus inicios, el jazz fue culpado, entre otras cosas, del ataque al corazón de un cornista clásico de avanzada edad, de la desfavorable balanza comercial entre Estados Unidos y Hungría, del detrimento en la calidad de los tenores italianos, del declive de la civilización moderna y hasta de espantar osos en Siberia.
En la Unión Soviética, temiendo por su desmedida influencia cultural, se llegó a castigar con seis meses de cárcel la ejecución de jazz estadounidense.
