“Mi Dios, no sé dónde tengo la cabeza (o parte de ella)”
Hacia 1846, la salud de Donizetti comenzó a deteriorarse. Sus habituales dolores de cabeza empeoraron y su comportamiento se volvió errático. Sufrió ataques de ira y raptos de incontrolable actividad sexual. Un reporte médico consignaba que “la excitación de sus genitales ya no le permite a M. Donizetti resistir el impulso de sus deseos”. Se le recetó reposo, cataplasmas de mostaza y sanguijuelas para drenar su sangre averiada. Le montaron sanguijuelas en el ano y detrás de las orejas. Murió en 1848.
Un médico austríaco cortó la parte superior del cráneo y se la llevó como souvenir. Cuando ello fue descubierto en 1951, en una solemne ceremonia la pieza faltante fue reinstalada con tres trozos de cinta adhesiva.
